It’s over now


Tengo un problema con las cosas que se acaban, supongo que porque soy de coger cariño pronto, porque si algo es bueno a mí me llega muy dentro, y sacar algo que está muy dentro duele.

Esta mañana se me ha acabado el desodorante en el vestuario del gimnasio y me he puesto a llorar.
Me he sentado en el banco abatido, con la mirada perdida, en calzoncillos y chanclas y sin ganas de seguir adelante; o quizá sí tenía ganas, pero cómo.

Tengo un problema con las cosas que se acaban.

No tengo muy claro cómo he llegado a casa, pues cuando uno pierde el rumbo en la vida todo se vuelve un borrón, pero he llegado. He llegado y no sé si quizá habría sido mejor haber ido a otra parte: justo cuando entraba por la puerta acababa el ciclo de la lavadora.
Ahí ya ni banco ni nada: me he tirado al suelo derrotado, preso de la angustia y la desolación. Y un poco del pánico.
¿Por qué?, le he preguntado al techo en un gesto dramático.

La lavadora se acaba y lo hace a lo grande: el centrifugado es como un castillo de fuegos artificiales que te deja embobado, y después de la última vuelta te quedas esperando con la mirada de ilusión de un niño por si estalla alguna luz más, pero no: se ha acabado.
Como el papel higiénico.
Como los cereales.
Como mi vida.

Tengo un problema con las cosas que se acaban.

 

Neve – It’s over now

It’s right here in our hands.

Dressed for success


Salgo a la calle sin abrigo, y no, no ha llegado la primavera: hace seis grados, aunque tengo calor. Creo que me he levantado caliente, no en el sentido que estás pensando, pero ¿sabes como a veces hay personas que te calientan el alma? Pues a mí me calientan los hechos. Qué hechos es lo de menos, pero entre esto de aquí y aquello de más allá el caso es que no tengo frío, y si uno no tiene frío, ¿para qué va a taparse?
No tendría sentido.

Salgo a la calle en mangas de camisa. Ya no soy un niño: un niño nunca diría que va en mangas de camisa. Hace frío pero brilla el sol.
Los pájaros cantan y las nubes no se levantan porque no hay: el cielo está completamente despejado. Llevo los auriculares puestos así que en verdad tampoco tengo ni idea de si están cantando los pájaros, aunque deberían. No hace día para no cantar.

No soy un pájaro pero tarareo, para mí, para ti un poco, principalmente para mí. Es como el principio de una película, o quizá el final, cuando todo va bien y el protagonista pasea triunfante al ritmo de la música. Y llevo la camisa arrugada.
Es una camisa nueva; la he sacado del envoltorio y me la he puesto directamente, sin planchar ni nada. Si es nueva, ¿no debería venir ya lista para usar?
El protagonista de una película nunca llevaría las marcas de los dobleces de una camisa nueva, seguramente porque se la planchan los de vestuario.

Sigo caminando como si las arrugas no fueran un problema. Todo va bien, sonrío y tal, pero me doy cuenta de que a mi vida le falta algo.
¿Dónde están los de vestuario?

 

Roxette – Dressed for success

Shaping me up for the big time, baby.

Ugly heart


De pequeño uno canta y no se preocupa del qué, pues lo importante no es el mensaje sino el hecho de cantar, que quien canta su mal espanta, que la música amansa a las fieras y en abril aguas mil.

De pequeño uno canta Mujer contra mujer como si le fuera la vida en ello, y le pone sentimiento, pero no la entiende. No se preocupa por entenderla. Repite palabras como repite lo que hay escrito en el libro de Conocimiento del Medio.
De pequeño uno canta por el placer, no para comunicar.

Luego uno crece y piensa, ¡coño!; pero no terminamos de aprender: seguimos juzgando libros por sus portadas, películas por sus trailers, personas por su aspecto y música por vete a saber qué, que ahí está el reggaeton.

Y a veces aún cantamos canciones enteras por una sola frase.

 

G. R. L. – Ugly heart

Your face is a work of art.