Dressed for success


Salgo a la calle sin abrigo, y no, no ha llegado la primavera: hace seis grados, aunque tengo calor. Creo que me he levantado caliente, no en el sentido que estás pensando, pero ¿sabes como a veces hay personas que te calientan el alma? Pues a mí me calientan los hechos. Qué hechos es lo de menos, pero entre esto de aquí y aquello de más allá el caso es que no tengo frío, y si uno no tiene frío, ¿para qué va a taparse?
No tendría sentido.

Salgo a la calle en mangas de camisa. Ya no soy un niño: un niño nunca diría que va en mangas de camisa. Hace frío pero brilla el sol.
Los pájaros cantan y las nubes no se levantan porque no hay: el cielo está completamente despejado. Llevo los auriculares puestos así que en verdad tampoco tengo ni idea de si están cantando los pájaros, aunque deberían. No hace día para no cantar.

No soy un pájaro pero tarareo, para mí, para ti un poco, principalmente para mí. Es como el principio de una película, o quizá el final, cuando todo va bien y el protagonista pasea triunfante al ritmo de la música. Y llevo la camisa arrugada.
Es una camisa nueva; la he sacado del envoltorio y me la he puesto directamente, sin planchar ni nada. Si es nueva, ¿no debería venir ya lista para usar?
El protagonista de una película nunca llevaría las marcas de los dobleces de una camisa nueva, seguramente porque se la planchan los de vestuario.

Sigo caminando como si las arrugas no fueran un problema. Todo va bien, sonrío y tal, pero me doy cuenta de que a mi vida le falta algo.
¿Dónde están los de vestuario?

 

Roxette – Dressed for success

Shaping me up for the big time, baby.

You’re not there


Me gustaría saber si te pasa como a mí, si te preguntas adónde voy cuando no estoy contigo, porque yo me lo pregunto.
Estamos juntos y estoy ahí, y sé que estoy ahí porque es todo lo que importa. Ahí. Contigo. Pero luego te vas y yo no sé si me voy o me quedo, porque me pierdo, y nunca he sabido donde está el norte pero si te alejas lo sé aún menos, y está todo como borroso, vacío, confuso… hasta que veo la luz.
Eres mi luz al final del túnel.
Nunca voy hacia ti porque en todas las películas dicen que no vayas hacia la luz y yo soy muy obediente, muy buen chico, el típico que le encantaría a tu madre que llevaras a cenar en lugar de esos tipos con los que te juntas. Yo espero sin prisa y tú tarde o temprano vienes y me brillas al lado. Y se ilumina el camino. Y sé dónde estoy.
Ahí.
Contigo.

Me gustaría saber si te pasa como a mí, si te preguntas adónde voy cuando no estoy contigo, porque yo no tengo ni idea de dónde estoy cuando no estás.

 

Lukas Graham – You’re not there

Now I’m terrified to face it on my own.

Like Dylan in the movies


La vida no siempre es fácil, pero hay veces que sí lo es y somos nosotros los que le decimos que no, que nos hacen falta obstáculos, baches, problemas. La vida, por lo general, es menos difícil de lo que nos empeñamos en creer. La vida a veces es muy sencilla y somos nosotros los complicados.

– Voy al cine.
– ¿Con quién vas?
– Voy solo.
– Vaya. Pobrecito…
– ¿Por qué?

Al pobrecito llega más o menos todo el mundo, pero ninguno de esos es capaz de pasar de la siguiente pregunta. Es como ese nivel que se nos resiste, ese malo final imposible de matar.
¿Por qué?

Nunca he entendido ese pánico a ir al cine solo. ¿No es ver una película una actividad individual? Se puede compartir, por supuesto, pero a veces no encuentras a nadie que quiera ver esa película, no cuadran las agendas o, por qué no, simplemente te apetece ir solo. En serio, pasa, y si eres de esos que no son capaces de entenderlo quizá no sea yo el que tiene el problema.

Quiero ver una película. La veo.
La vida a veces es mucho más fácil de lo que parece.

 

Belle and Sebastian – Like Dylan in the movies

On your own.