No queda na


Se gana facilidad de palabra con la edad y yo sin embargo me voy quedando mudo, como si no viajara en la dirección que toca. Lo mismo no envejezco y me estoy volviendo pequeño, como Benjamin Button. Aunque mis referencias me delatan.

Si fuera un plátano en lugar de marrón me estaría volviendo verde, o incluso lo que sea que viene antes de eso. ¿Una flor? Vamos a olvidar que existe Google. ¿Cuántos de vosotros conocéis de principio a fin el ciclo de vida de un plátano? No somos nadie, ¿verdad? No sabemos nada.
O quizá solo soy yo.
Quizá todo el mundo estaba prestando atención ese día en clase y yo mirando por la ventana.

¿Le pasa a alguien más? Que estás mirando por la ventana mientras pasa todo y es como si todo hubiera pasado sin ti, que estabas ahí pero no estabas. De cuerpo presente pero de mente ausente.
No son los móviles, eso es solo una ventana más: son las ventanas en sí.
Me pasa que siempre quiero estar al otro lado.
Siempre, ¿sabes? Que estando dentro quiero estar fuera pero es salir y mirar hacia dentro con pena.

A lo mejor en vez de usar la puerta hay que atravesar la ventana, como si el hechizo estuviera en el cristal. O en el vidrio.
Si lo rompes, lo llames como lo llames, ¿sigue la ventana siendo una ventana?

Marc Seguí, Babi – No queda na

Y no me grites “vuelve, vuelve, vuelve”

Sé tú


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Hoy me apetecía compartir un mensaje, pero al terminar de escribirlo me han entrado dudas. Era el tipo de mensaje que leería en el muro o el perfil o lo que sea de otra persona y pensaría otra vez no, por favor. Pero aun así pensaba que publicarlo era lo correcto, y así lo he hecho.

Creo que mi aversión a los mensajes motivacionales se debe a que los encuentro tontos, vacíos, redundantes. ¡Todos lo sabemos! Pero si esta cuarentena me ha enseñado algo es que no hay nada que todos sepamos. Pueda que suene tonto, o repetitivo… para mí. Puede que yo sienta que es obvio, que todo el mundo lo sabe, pero he leído muchas cosas últimamente que también eran obvias y no se me habían ocurrido.
Y me han ayudado.

Compartir un mensaje tiene sentido si existe la posibilidad de que pueda ayudar aunque sea a un 1% de la gente que lo lea, porque si algo está claro ahora es que estamos en esto juntos.

Aquí está el mensaje.

Redes sociales, videollamadas, (malas) noticias, cosas que tienes que hacer, sentir… ¡basta!
No pasa nada por darle la espalda a todo eso de vez en cuando.
Respira… y haz lo que de verdad te apetezca hacer. Siente lo que sea que estés sintiendo.
A todos nos está costando esto. Todos lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Y eso es suficiente.

Tú eres tú: no lo olvides.
Sé tú.

Listen to the rain


Supongo que cuando te acostumbras a algo es normal echarlo de menos cuando no está, aunque sea malo, como una especie de síndrome de Estocolmo.
Supongo que pasa, que es normal, que no soy raro. 

Supongo que ya me había acostumbrado a inviernos tristes, al frío, a dejar que me calara y dejarme llevar. Supongo que había hecho de eso mi definición de lo que es un invierno.
Supongo que supuse que invierno era estar triste, y ya me iba bien.

Hace frío, aunque supongo que un poco menos de lo que quizá debería; y llueve, aunque no parece que suficiente; y es de noche. Parece que este invierno siempre es de noche, que a alguien se le ha olvidado encender la luz.
Aun así nada.

Estoy en penumbra en mitad de la calle, mal alumbrado por una farola que me guarda la distancia, escribiendo estas líneas con dedos que se escurren por la pantalla camuflados entre gotas de lluvia, y no siento nada.
Como si no fuera invierno.
Como si no fuera yo.

Evanescence – Listen to the rain

It’s just too hard to say goodbye