Listen to the rain


Supongo que cuando te acostumbras a algo es normal echarlo de menos cuando no está, aunque sea malo, como una especie de síndrome de Estocolmo.
Supongo que pasa, que es normal, que no soy raro. 

Supongo que ya me había acostumbrado a inviernos tristes, al frío, a dejar que me calara y dejarme llevar. Supongo que había hecho de eso mi definición de lo que es un invierno.
Supongo que supuse que invierno era estar triste, y ya me iba bien.

Hace frío, aunque supongo que un poco menos de lo que quizá debería; y llueve, aunque no parece que suficiente; y es de noche. Parece que este invierno siempre es de noche, que a alguien se le ha olvidado encender la luz.
Aun así nada.

Estoy en penumbra en mitad de la calle, mal alumbrado por una farola que me guarda la distancia, escribiendo estas líneas con dedos que se escurren por la pantalla camuflados entre gotas de lluvia, y no siento nada.
Como si no fuera invierno.
Como si no fuera yo.

Evanescence – Listen to the rain

It’s just too hard to say goodbye

Save as draft


Tengo un cajón lleno de borradores, de hojas casi en blanco, de cosas que empiezo a escribir y me doy cuenta luego de que mejor no. Está ese cajón lleno de cartas que tienen título y poco más (Quizá otro día, Tampoco es tan buena idea, Si eso más tarde…); cartas que empecé a escribir un día como hoy pensando que tal vez sí, ignorando que me equivocaba de nuevo.
Tengo un cajón que casi no cierra.

Hoy, mientras escribía esto, lo he visto.

Tengo un cajón lleno de presión, de miedos.
Tengo un cajón que no cierra del todo porque un cajón cerrado no puede hablar, y este susurra cosas. Tengo un cajón que me dice que no voy a poder hacerlo, que soy incapaz, que para qué. Tengo un cajón que siempre tiene hambre, que quiere más, que me grita que esto no es más que otro borrador.

Lo siento. Esta noche no.

Katy Perry – Save as draft

I write it. Erase it. Repeat it.

Hojas


Somos plantas, supongo, y se nos van cayendo hojas hasta que al final no nos queda nada: no somos más que un tallo, y al poco morimos. 
¿Os imagináis que hubiera decidido empezar así la postal de este año?
Menos mal que no.
Me han dicho alguna vez que esto no se entiende, que de qué va el mensaje. He estado leyendo los de otros años y no sé, yo tampoco los veo tan mal; aunque eso es solo mi opinión.
Me he propuesto por tanto hacer algo más sencillo este año, más para todos los públicos, sin referencias a David Hasselhoff ni a la fotografía analógica ni a ningún superhéroe. Nada divertido, vamos.
Me acuerdo del año de la postal del globo. Estaba bastante orgulloso de mi historia, para qué negarlo. Me había ido a dormir muy tarde pero había merecido la pena.
Estaba aquel año en casa, así que al despertarme al día siguiente lo primero que hice fue preguntarle a mi madre qué le había parecido.
– Muy bonita – me dijo.
– ¿En serio? – respondí emocionado. El reconocimiento de una madre siempre emociona.
– Sí – prosiguió -, me gustan mucho los tonos de azul.
Estaba hablando de la imagen. La foto nunca es lo importante, mamá.
– Sí, eso también, pero… ¿qué te ha parecido la historia?
– ¡Ah! No la he leído.
Sin más.
Creo que ahí perdí una hoja.
No he empezado esto con la frase con la que lo he empezado, pero en los días previos a este momento ha estado rondándome esa idea la cabeza: somos plantas. Nacemos con poco y nos vamos haciendo, con el poco que traemos de base y el mucho que cogemos de fuera. Fotosíntesis a saco. Nos salen hojas que van dando forma a lo que somos, y supongo que toda esta metáfora que no sé muy bien adónde me lleva es porque el otro día vi Pocahontas, donde no salen ni David Hasselhoff ni cámaras de fotos antiguas ni superhéroes, así que de momento estoy cumpliendo.
No sé si me seguís, pero vendría a ser una hoja cada relación con otra persona, cada una de nuestras aficiones… cada postal de Navidad que enviamos desde 2002.
Nos van saliendo hojas a lo largo de nuestra vida, muchas cuando somos pequeños, menos luego. Y algunas se caen.
Hay hojas que no está en nuestra mano mantener, pero hay otras que sí, y yo os quiero verdes.
Supongo que si tengo un deseo para este 2019, porque al final esto es una postal de Navidad y es lo que toca, es que nos demos cuenta de lo que nos hace únicos, que nos reguemos si eso tiene algún sentido, que luchemos por conservar las hojas que nos aportan, por hacerlas crecer un poco incluso, y por qué no, que hagamos que nos nazca alguna nueva. Siempre hay tiempo para nuevos brotes.
Tendría sentido ahora que la postal fuera una planta, o algo verde al menos, pero no: soy yo haciendo el tonto en el agua. Mucho azul. Resume no obstante cuatro de mis hojas favoritas:
– Hacer el tonto
– Estar en el agua
– Escribir esto cada año
– Poder compartirlo contigo
¡Felices fiestas y próspero Año Nuevo!
¡Un abrazo!
Christmas