Sleep

Soy de esos que piensa que dormir es una pérdida de tiempo, y estaba yo convencido de que no era así, ¿eh?, pero resulta que me engañaba.

Esta mañana me he despertado pronto, como siempre, más o menos una hora antes de tenerme que despertar de verdad, y me ha pasado eso que no tiene ningún sentido que es que el cerebro se active, que no pasa en mitad de la noche pero pasa cuando te metes en la cama y cuando queda poco para que salgas.
Querido cuerpo: una hora no es poco. Déjame dormir.
Esto y los pelos que crecen hacia dentro refuerzan mi falta de fe en la evolución y el cuerpo humano en general.

He empezado a darle vueltas a todo, al día que tenía por delante y tal, pensando que ojalá pudiera dormir un par de horas más. Un par mallorquín.
¿Por qué es el mundo tan injusto y no puedo dormir cuando quiero?, en plan muy dramático.

Y me he dado cuenta de que en verdad dormir no quería, que lo que quería era no hacer todas esas cosas que estaba repasando en mi agenda mental de este martes, que yo en fin de semana me levanto antes incluso porque lo que tengo por delante son cosas que disfruto, que a lo mejor esto es una definición de libro de una vida rutinaria y triste y sin sentido pero vamos a ignorar esta última frase.

Dormir es maravilloso… siempre que no haya nada mejor que hacer.

My Chemical Romance – Sleep

The hardest part is letting go of your dreams.

Under pressure

Hubo un tiempo en que escribía prácticamente a diario. No sé si alguien se acordará de eso, porque a mí la verdad es que me cuesta recordarlo, pero es cierto.
Cuando escribes cada día no es que no importe lo que digas, pero hay menos presión: si hoy no sale del todo bien mañana ya irá mejor. Es rutina, una parte de tu día a día y del día a día de los que te leen; y lo que pasa con la rutina es que la damos por supuesta. Eso, desde los ojos del que está a este lado de la pantalla, es bueno.
Yo me sentaba a escribir y lo hacía sobre cualquier cosa, por pequeña que fuera; y aunque el tema apenas tuviera relevancia las palabras fluían porque no tenía presión.
La presión es la peor enemiga de las musas.

Supongo que esto es una disculpa… o una excusa.

Escribo poco porque escribo poco, y como escribo poco cada vez escribo menos.

My Chemical Romance + The Used – Under pressure

It’s the terror of knowing what the world is about.

Indestructibles

Yo la entrada anterior se la escribí a un pez, lo prometo. Al menos en la superficie, lo cual tiene gracia si uno piensa en donde viven los peces, aunque quizá algo menos si uno recuerda la entrada y cae en que el pez desapareció para no ser nunca más visto.
Pensaba en ese pez, escribía para ese pez, pero es que joder, luego leí los comentarios y me hicieron reflexionar, que aquí esto va así: yo no escribo para que reflexionéis vosotros, o un poco sí, pero no del todo. Yo escribo para que vosotros le deis una vuelta, comentéis y me hagáis reflexionar a mí, porque, si os soy del todo sincero, la mayor parte del tiempo no sé ni de qué estoy escribiendo.
Para muestra un botón. O un pez, en este caso.
Que en paz descanse.

¿Tengo yo la culpa de que, en lo que a mí respecta, ese pez y tú hayáis llevado vidas paralelas?
Insisto: es (era) un pez real, que estuvo ahí, que desapareció, que volvió y que se volvió a ir. ¡Como tú! En diferentes medios, a diferentes tiempos, pero si uno extrae la esencia y lo piensa, cosa que yo no suelo hacer, la cosa está ahí.
Si uno sigue pensando le empiezan a venir ideas de si ese pez no era sino una lección, que dicen que todo pasa en la vida por algún motivo, que hay gente que viene a enseñar y desaparece cuando acaba la clase, como una especie de profesor sustituto inesperadamente bueno. Mi infancia hubiera sido infinitamente mejor si un día hubiera aparecido en clase un pez sustituto.

Es por cosas como esta por las que intento pensar lo menos posible.

Yo hablaba de un pez, le hablaba al pez, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o llámalo subconsciente si quieres. El pez es (era) un pez y no sabe (sabía) hablar, y ahí está la diferencia: que joder, es difícil entender lo que quiere alguien que no sabe hablar, y triste, y quizá nunca deje de sentirme culpable; pero tú eres una persona, y sabes hablar, pero no quieres. Qué coño hago yo sintiéndome culpable por eso. De verdad, qué cojones.

Esa es la diferencia: que al pez no sé parar de buscarlo mientras que a ti no sé por qué he tardado tanto en dejar de hacerlo.

La Habitación Roja – Indestructibles

Éramos indestructibles.