No se puede más


Desde niño he usado los sueños para escapar, porque existen muchos mundos y por qué no iba a querer yo explorarlos.
Siempre me ha gustado explorar, descubrir lo desconocido y quitarle el des.
He soñado mucho, aunque dicen que todos lo hacemos; pero yo a menudo tengo la suerte de recordar esos viajes. Recuerdo cada color, cada palabra, cada gesto.
He soñado tanto que no siempre he tenido claro qué era real y qué no; tanto que a veces me he preguntado si no era este mundo el sueño.
De un modo u otro esos mundos siempre eran mejores que este, no porque este fuera malo, pero siempre se puede ir a más, ¿no?

Ayer fue domingo. Lo pasamos juntos. Me fui a dormir…
…y soñé con cada color, cada palabra, cada gesto.
Quizá no siempre se puede ir a más.

Pastora – No se puede más

Y es que sí se puede más, sí se puede más, sí se puede más.

Devuélvemelo


Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo, decía Albert Einstein, aunque supongo que no exactamente así, que hasta donde sé no hablaba castellano.
Tiene sentido, supongo también, pero hoy se me antoja leer la frase al revés; tampoco exactamente, pero casi.

Si buscas lo mismo no hagas cosas distintas.

¿Por qué íbamos a querer siempre resultados diferentes? ¡Qué horror! Que nos hicimos sedentarios por algo.
A veces las cosas funcionan, van, y a todos nos gustan las cosas que van.
Pero a veces las cosas dejan de ir.

Las cosas pueden dejar de funcionar por muchos motivos: porque faltan pilas o gasolina, porque alguna pieza se ha movido, porque han caído víctima de la diabólica obsolescencia programada.
O porque alguien ha tenido la brillante idea de hacer cambios.

Si algo funciona no lo toques, dicen también por ahí, pero al mismo tiempo nos venden que hay que reinventarse, que somos gusanos a punto de convertirnos en mariposas (pasando por capullos más o menos tiempo según la persona). Lo que no nos dice nadie es que después de la fase final de esa metamorfosis algo nos vuelve a convertir en gusanos, sin previo aviso, porque sí. Y otra vez a empezar.

Vivimos inmersos en un continuo viaje de evolución que según se mire no nos lleva a ningún sitio. Nos arrastramos, volamos, nos arrastramos, volamos, nos arrastramos… bastante monótono para lo que cabría esperar de un cambio constante.

Las cosas a veces no solo no van, sino que se van. Y las dejamos. Porque estamos ocupados con otras, o porque tampoco son tan importantes, o porque no nos damos cuenta.
A veces, de pronto, en ese viaje con más o menos sentido, nos da por echarlas en falta. Nos da por pensar, y con un poco de suerte hasta empezamos a sospechar que ese alguien que tuvo la brillante idea de hacer cambios que nos llevaron a perder según qué fuimos nosotros mismos. Ríete de El Club de la Lucha. Y ya llegados hasta aquí, con el algo en mente y toda la reflexión hecha, ¿por qué no dar ese último paso y resolver el misterio de qué hicimos para perderlo?

A lo mejor aún podemos presionar CTRL+Z y volver a la mariposa 117, que a lo mejor la evolución va de eso, de ver qué mariposa nos hacía sentir más completos y volver a por ella.

Babi – Devuélvemelo

Mi tiempo, mi tiempo…

Forget me now


Vi que aquello no iba y decidí que yo que sí podía debía hacerlo,
irme;
que para qué seguir.

Me fui, que uno no puede quedarse siempre,
y me di cuenta en el viaje de vuelta de que joder,
eso era como rendirse,
y que se rinden los cobardes.

¿Quieres ser un cobarde?, me dije,
y no quería,
claro que no,
pero irse también es de valientes, ¿sabes?

A veces lo fácil es quedarse,
no hacer nada,
dejarse llevar.

Se fluye sin esfuerzo,
pero hace falta valor para nadar contracorriente.
Y mucha fuerza.

Si uno no entrena para eso, ¿para qué?

 

Against the Current – Forget me now

Always knew I’d make it out.