No queda na


Se gana facilidad de palabra con la edad y yo sin embargo me voy quedando mudo, como si no viajara en la dirección que toca. Lo mismo no envejezco y me estoy volviendo pequeño, como Benjamin Button. Aunque mis referencias me delatan.

Si fuera un plátano en lugar de marrón me estaría volviendo verde, o incluso lo que sea que viene antes de eso. ¿Una flor? Vamos a olvidar que existe Google. ¿Cuántos de vosotros conocéis de principio a fin el ciclo de vida de un plátano? No somos nadie, ¿verdad? No sabemos nada.
O quizá solo soy yo.
Quizá todo el mundo estaba prestando atención ese día en clase y yo mirando por la ventana.

¿Le pasa a alguien más? Que estás mirando por la ventana mientras pasa todo y es como si todo hubiera pasado sin ti, que estabas ahí pero no estabas. De cuerpo presente pero de mente ausente.
No son los móviles, eso es solo una ventana más: son las ventanas en sí.
Me pasa que siempre quiero estar al otro lado.
Siempre, ¿sabes? Que estando dentro quiero estar fuera pero es salir y mirar hacia dentro con pena.

A lo mejor en vez de usar la puerta hay que atravesar la ventana, como si el hechizo estuviera en el cristal. O en el vidrio.
Si lo rompes, lo llames como lo llames, ¿sigue la ventana siendo una ventana?

Marc Seguí, Babi – No queda na

Y no me grites “vuelve, vuelve, vuelve”

Madness


No cuento los días porque me parece que eso es torturarse a uno mismo y qué sentido tiene, pero lo mismo son demasiados ya, que yo pensaba que estaba bien, pienso que estoy bien, pero tengo menos ánimo, menos ganas. Y lloro más.
Llorar es bueno, está bien, pero lo mismo no hace falta llorar porque se le ha acabado la tinta al boli.
Hay límites.

Otra cosa que no hago es hablar con las plantas. ¿Para qué? No te escuchan, no te contestan, y lo último que quieres demostrarle al mundo es que te estás volviendo efecticamente loco.
Uno pierde la cabeza por dentro, poco a poco, y no lo dice.
Me paso mucho tiempo mirando las plantas, eso sí, fijamente. Últimamente mientras lo hago veo con el rabillo del ojo muchas cosas moverse a mi alrededor, como si hubiera alguien ahí, o algo. O muchos algos. Cuando centro la mirada todo está bien, pero yo sé que no es verdad, y ellos también.
Eso es volverse loco, pero por dentro, sin que se note.
Lo último que se me ocurriría sería escribir sobre ello.

Dice el helecho que llevamos cuarenta y siete días.

Muse – Madness

And some kind of madness has started to evolve

World so cold


Londres es esa ciudad fría donde la gente entra en un ascensor y no dice nada.
Parece que se ha quedado buen día.
Decían que hoy iba a llover y mira qué sol.
Uf, lunes
.
En Londres no.
Nada.

Fuimos nómadas un rato, pero enseguida nos dimos cuenta de que aquello cansaba y además alguien había inventado el sofá. Sedentarios desde entonces.
Alguien inventó también las escaleras, pero nosotros, siempre en continua evolución (entendida como el esfuerzo por hacer cada vez menos), inventamos el ascensor.
Nadie sube andando ahora. Y en Londres en los ascensores no se habla.

He preguntado a gente de aquí que por qué, que qué frío, que qué feo.
Ellos dicen que lo incómodo es hablar, que qué frío, que qué horror.
¿Ni hola?
Ni agua.
Pues vaya.

Ahora subo siempre por las escaleras.
Mucho más cálido.

 

Three Days Grace – World so cold

I’m too young to lose my soul