Correr, pero a dónde


Corría sin prisa, porque tenía que llegar aunque no estuviera segura de si quería.
No podía arriesgarse a que le dijeran que no había puesto de su parte.
No podía fallar.

Fallar… pero a quién.

Era la batalla de siempre:
lo que estaba bien contra lo que tenía dentro,
ella contra el resto,
la cabeza contra el corazón.

Ella contra ella.

Era su cabeza contra su corazón, y ahí no podía echarle la culpa a nadie más.
Corría, y en ningún momento se había planteado parar, aunque corría despacio.

Pudo haber llegado antes, pero es que a veces hay que llegar tarde.

 

Zetazen – Correr, pero a dónde

La eterna cuenta atrás empieza en doce.

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Todo huele a ti


Cebolla dorándose en una sartén.
Lluvia que cae en verano.
Albahaca recién cortada.
Abrir un libro por primera vez.
Piña. Mandarina. Cualquier fruta.
Sábanas limpias.
Correr por la orilla del mar.
El mar.
La brisa.
La sal.
Un tronco ardiendo en la hoguera.
Tu jersey.

De todos mis olores favoritos me quedo con descansar mi cabeza en tu hombro.

Alejandro Sanz – Todo huele a ti 

Y ahora abrázame.

Fuck and run


Vencimos, y nos sentíamos enormes, joder.
Nos dimos cuenta de que decíamos mucho eso, de que quizá era demasiado joder, pero ¡joder! ¡Habíamos ganado! Uno no gana todos los días.

Por un momento nos sentimos invencibles, como si no hubiera nada que nos pudiera parar, y es que ¿acaso algo podía? Si corres mucho acabas alcanzando una velocidad a la que es posible que resulte imposible detenerte.
Nosotros habíamos corrido. Mucho. Muy rápido.
Quizá habíamos corrido demasiado, supongo, como el joder, y también hay una velocidad a partir de la cual ya no es posible pensar en nada más que en darle a las piernas. Se pierde el foco en el resto al enfocar la carrera, y qué borroso estaba todo, joder.

No es que no quisiéramos verlo, pero estábamos corriendo y no lo vimos. No podíamos.
Que no hace falta que te paren para que se acabe.

Que cada semana tiene un lunes.

Joder.

 

Liz Phair – Fuck and run

It’s fuck and run, fuck and run.