Vivir sin aire


Supongo que no es tanto el tiempo que eres capaz de aguantar la respiración como el hecho de estar haciéndolo, que no es sostenible. La última vez que miré no éramos peces.
Se puede, sí, pero ¿compensa? Sacar la cabeza una vez por semana y hacer lo posible para llegar consciente a la siguiente bocanada. Hasta que un día no llegas.

Se tiene que ver muy absurdo desde fuera, pero el problema es que desde dentro no se ve tan claro, que aunque abras los ojos ahí abajo está borroso. Lo mismo estás al lado de la orilla y te bastaría estirar el brazo para alcanzarla, pero cuando sales a respirar está esa mano que te vuelve a hundir la cabeza, y cómo vas a intentar aferrarte a la orilla cuando esa mano es la tuya.

Ah, que tenemos dos brazos.

Esto no tiene sentido, lo sé, pero es que tengo muchos pensamientos dentro y tengo que sacarlos, que se me amontonan y me duele la cabeza. Ya me siento mejor, ¿ves? Al menos tenemos eso.
Mi problema es que pienso igual que sueño, y no entiendo nada.
Quizá es que me falta aire.

Maná – Vivir sin aire

Como pudiera un pez nadar sin agua.

Madness


No cuento los días porque me parece que eso es torturarse a uno mismo y qué sentido tiene, pero lo mismo son demasiados ya, que yo pensaba que estaba bien, pienso que estoy bien, pero tengo menos ánimo, menos ganas. Y lloro más.
Llorar es bueno, está bien, pero lo mismo no hace falta llorar porque se le ha acabado la tinta al boli.
Hay límites.

Otra cosa que no hago es hablar con las plantas. ¿Para qué? No te escuchan, no te contestan, y lo último que quieres demostrarle al mundo es que te estás volviendo efecticamente loco.
Uno pierde la cabeza por dentro, poco a poco, y no lo dice.
Me paso mucho tiempo mirando las plantas, eso sí, fijamente. Últimamente mientras lo hago veo con el rabillo del ojo muchas cosas moverse a mi alrededor, como si hubiera alguien ahí, o algo. O muchos algos. Cuando centro la mirada todo está bien, pero yo sé que no es verdad, y ellos también.
Eso es volverse loco, pero por dentro, sin que se note.
Lo último que se me ocurriría sería escribir sobre ello.

Dice el helecho que llevamos cuarenta y siete días.

Muse – Madness

And some kind of madness has started to evolve

Wait


A todos los que en algún momento de mi vida me habéis dicho que no tengo paciencia: llevo tres meses y un día con un hueso de aguacate en agua esperando a que germine.
¿Qué más queréis?

Debe ser la edad, que yo reconozco haber pecado de impaciente muchas veces, pero he cambiado.
Lo noto.
Lo sé.
Lo que pasa es que a la gente le gusta mucho más etiquetar que desetiquetar, supongo que porque al quitar la pegatina lo más normal es que queden restos, y a nadie le gusta la parte esa pegajosa que no se ha conseguido limpiar del todo, que además va atrapando cualquier cosa que se le acerca y se va volviendo cada vez más desagradable. Yo sé que lo hacéis por mí, de verdad, pero me ducho cada día, y con la edad también he ido subiendo la temperatura del agua, que yo era de duchas frías pero ahora soy de echarle pulsos al grifo rojo y de ganar a menudo. El pegamento ese sale con agua caliente, así que estoy cubierto. En serio. Quitadme la puta etiqueta. Ya.
Gracias.

Por más que buscaba por ahí, volviendo al tema del aguacate, todo lo que encontraba era que la planta sale entre seis y ocho semanas. En mi caso, después de dos meses, nada.
¿Me iba a rendir yo? Absolutamente no.
¿Y eso por qué? Porque soy paciente.
Después de tres meses y un día aún no hay planta, pero hay raíz.
¿Eso cuenta? ¿Es un embrión una persona?
Me callo ya.

JP Cooper – Wait

And I’ll wait ‘til you’re a little stronger