Ese último momento


Idealizamos las últimas oportunidades pero lo hacemos siempre tarde, a posteriori, cuando sabemos que ya no podemos tenerlas. Idealizamos las últimas oportunidades porque no son reales.
Son exactamente lo mismo que esas ideas de respuesta que se nos ocurren tres días después de haber tenido una conversación. Iguales pero a la grande, porque conversaciones hay muchas pero últimas oportunidades hay solo una. En principio. Y para cada cosa.

Nos dejamos llevar por lo romántico de la idea, porque nos lo han dicho el cine, la poesía, y Alejandro Sanz. Ese último momento.

Es todo mentira.

La mayoría de nosotros no sabría qué hacer con una última oportunidad, porque poca gente sería capaz de avisarnos de que estamos ante una, y porque si alguien realmente se atreve a darte una última oportunidad quizá lo mejor sea que huyas, que no estamos aquí para aguantar los complejos de superioridad de nadie.

La vida se vive en el día a día.

No, no estoy hablando de vivir cada día como si fuera el último. ¡Qué horror!
Vive cada día como lo que es, teniendo presente que si tienes que esperar a una última oportunidad para demostrarle a alguien lo mucho que te importa es que no te importa tanto, que querer no es decir te quiero sino estar ahí.

Si existieran, yo con todas mis últimas oportunidades haría eso: estar ahí.

Alejandro Sanz – Ese último momento

Siempre es el mismo cuento.

Fresh air


Escaparates, ¿verdad?

Ahí estaban, todas, colocadas y ordenadas como esperándome, en fila pero de lado, todas dándome la cara,
su mejor cara,
su única cara.
Por detrás estaba su cruz, los aditivos, los colorantes, los E noséqués.
Las caras brillaban tanto que qué más daba.

Aire fresco, ponía en una, con grandes letras de colores simulando el aire.
Al parecer el aire es eso. Grande. De colores.

Fresh air, decía otra, en inglés.
Guau.
Wow.

Había decenas, ¡cientos!, que en el espacio finito de aquel escaparate el desfile no tenía fin. Infinitos idiomas, letras, diseños, colores… y yo mirándolas desde el otro lado del cristal, viendo cómo me miraban.
Ellas y yo, ahí, mirándonos las caras.

Cómo elegir, ¿verdad? Escaparates. Pero entré decidido.
¡Esa!, exclamé, seguro, directo, excitado joder; sin rastro alguno de educación o señas de no haber sido criado por una manada de lobos.
Fingieron que aquello estaba bien, que el cliente siempre tiene la razón y quizá por eso va así el mundo, y me la dieron, y pagué; no sé cuánto, la verdad, pero guau, ¡guau!, ¡wow! ¡FRESH AIR! Embotellado y con muchos colorines. No me hagáis demasiado caso, pero creo que hasta tenía algo de purpurina.
¡WOW!

No podía esperar. Cómo, ¿verdad?
La abrí emocionado.
¡Wow!
Di el primer sorbo.
¡WOW!
No podía parar.
Glup glup glup (o como sea que uno bebe en inglés).

Se acabó.

¿Wow…?

Creo que nunca me he sentido tan vacío.

 

Iseo & Dodosound – Fresh air

The less you think, the more you feel.

Stand by


Me he pasado la vida mirando hacia donde no era, derecha cuando era izquierda, arriba cuando era abajo y así. Mala suerte, pensaba. ¿Cómo iba a asumir que en realidad era todo mucho más sencillo? ¿Que quien lo hacía difícil era yo?

Me he pasado la vida en standby, a la espera de gente que nunca me esperaba a mí, haciendo el tonto básicamente, pero es que joder (aún sin exclamaciones): es lo que se me da mejor.

Me he dado cuenta.
Me di cuenta.

Sigo sin saber dónde coño mirar.

 

Extremoduro – Stand by

Bebe rubia la cerveza pa’ acordarse de su pelo.