Heather


Por si sirve de algo, no era por ti que te odiaba: era por mí. Envidia, supongo. Uno crece creyendo eso de que si quieres puedes y luego la verdad es que no siempre. Imagínate si no, menudo desastre.
Yo quería, vaya que sí, pero no podía; y tú ahí como si la cosa no fuera contigo, lo mismo hasta sin querer, y pudiendo.
Y qué rabia.

Conan Gray – Heather

But then again, kinda wish she were dead.

A hug too long


Lo más cercano a un abrazo que me han dado en los últimos meses me lo ha dado la almohada. Técnicamente se lo he dado yo a ella, pero me gusta imaginar que ella quiere, que me ve ahí y piensa míralo, pero si está hecho polvo, tan solo… que voy de duro y de que me da todo igual y de que yo me he pasado toda la vida esperando que llegara algo de esto, pero joder, ¿os acordáis de lo que es un buen abrazo?

Espero que la almohada no sepa leer porque estoy a punto de confesar que no es lo mismo, pero es que no lo es; aunque supongamos que ella quiere y que si no se lanza es porque no tiene brazos.
Una cosa es abrazar y otra que te abracen.

Nunca he sido de mucho contacto, la verdad, que eso de tener que dar besos y abrazos a todo el mundo siempre me ha llevado de cabeza. Tener que, ¡qué horror! ¿Desde cuando uno tiene que querer?
Ahora intento acordarme del último abrazo que di y nada. Ni siquiera me acuerdo de haber abrazado.

Quizá se me olvida, no sé. Quizá pasa algo más de tiempo y ya no tiene sentido ni el concepto, y al final abrazar no es más que coger fuerte la almohada por la noche mientras tengo pesadillas.

Gabby’s World – A hug too long

And if you ever told me that you were scared I’d appear there

Ese último momento


Idealizamos las últimas oportunidades pero lo hacemos siempre tarde, a posteriori, cuando sabemos que ya no podemos tenerlas. Idealizamos las últimas oportunidades porque no son reales.
Son exactamente lo mismo que esas ideas de respuesta que se nos ocurren tres días después de haber tenido una conversación. Iguales pero a la grande, porque conversaciones hay muchas pero últimas oportunidades hay solo una. En principio. Y para cada cosa.

Nos dejamos llevar por lo romántico de la idea, porque nos lo han dicho el cine, la poesía, y Alejandro Sanz. Ese último momento.

Es todo mentira.

La mayoría de nosotros no sabría qué hacer con una última oportunidad, porque poca gente sería capaz de avisarnos de que estamos ante una, y porque si alguien realmente se atreve a darte una última oportunidad quizá lo mejor sea que huyas, que no estamos aquí para aguantar los complejos de superioridad de nadie.

La vida se vive en el día a día.

No, no estoy hablando de vivir cada día como si fuera el último. ¡Qué horror!
Vive cada día como lo que es, teniendo presente que si tienes que esperar a una última oportunidad para demostrarle a alguien lo mucho que te importa es que no te importa tanto, que querer no es decir te quiero sino estar ahí.

Si existieran, yo con todas mis últimas oportunidades haría eso: estar ahí.

Alejandro Sanz – Ese último momento

Siempre es el mismo cuento.