Feliz Navidad


A veces empiezas a ver el capítulo de esa serie que sigues y nada encaja, y es todo muy confuso y no entiendes qué hace David Hasselhoff con la camiseta puesta hasta que te das cuenta de que te has saltado un episodio.

Acabo de terminar de escribirles la carta a los Reyes Magos, porque uno nunca es demasiado mayor para creer en la magia, pero les he pedido ropa. ¿Alguien puede explicarme dónde está el capítulo que me falta?

Supongo que ese es el tema de mi postal de este año: ese punto que separa el “todo va bien” del “¿en qué momento se ha ido todo al garete?”. Y os voy a contar una historia.

María y José están embarazados, que es como se dice ahora. María es virgen. José no hace preguntas porque la quiere y no hay internet todavía. Piensa que quizá esas cosas pasan.
José le dice a María que tienen que ir a Belén a noséqué de unos papeles. María le dice que le queda poco ya para tener al niño, que si no puede hacerlo por internet. José le dice que no, que sigue sin haber internet.
Se van a Belén.

El viaje es complicado porque es en burro y en la radio solo ponen villancicos, lo cual no deja de ser muy meta. Cuando por fin llegan a Belén descubren que está hasta la bandera, pues se ve que ha ido todo el mundo a arreglar los papeles el 24 porque el 25 es Navidad y está cerrado. Por culpa de esto no les queda otra que dormir en un establo, y ya que están dan a luz.

Pese a ser eso cuatro palos y un montón de paja todo va bien, muy muy bien. El niño nace sin complicaciones y sale ya limpio, baja un ángel del cielo, pasa una estrella fugaz y todos posan para la foto, que iba a ser un selfi pero al final no porque el brazo de José no da.

Esa es la estampa que ha perdurado hasta nuestros días. Ese es el “todo va bien”.

Si habéis visto ya la postal os habréis dado cuenta de que no es esa foto la que yo he elegido. Si no la habéis visto aún este podría ser un buen momento; así descansáis un poco y seguís leyendo en breve con más ganas.

¿En qué momento se ha ido todo al garete?

Antes las series se veían en la tele, y no había internet. Contar esto me hace sentir mayor de golpe. Antes si te perdías un capítulo te lo perdías, y quizá no volvías a tener ocasión de verlo a no ser que te hubieras acordado de programar el vídeo, si eras de esos pocos que sabían hacerlo. Vamos a jugar a que ahora es antes.

¿Qué hace el niño Jesús con un hombre lobo? ¿Por qué se intuye un dragón esperando ansioso en la parte trasera del camión de policía? ¿Qué hace María saltando por la ventanilla del asiento del copiloto? ¿Dónde está Melchor? ¿Es el furgón que vemos una especie de versión 2.0 del arca de Noé pero no nos damos cuenta porque solo nos han enseñado la escena desde un lado? ¿Están saliendo los animales de dos en dos (ua, ua) por la puerta trasera? ¿Se los va a comer el dragón? ¿Qué papel ha jugado Papá Noel en todo esto?

Nadie ha programado el vídeo.

Estoy bastante convencido de que alguien podría decir que mi postal de este año es una blasfemia, pero aquí tengo un conflicto interno: Jesús hizo todo aquello de los panes y los peces, y a mí desde pequeño me enseñaron que con la comida no se juega. No sé en vuestras casas, pero en la mía todo ese paripé no habría hecho gracia. Ni un poquito. ¿Quién es el que ofende ahora?

La verdad, ya poniéndome serio (dentro de mis conocidas limitaciones en la materia), es que tengo treinta y un años y sigo jugando con muñecos. ¿Dónde me sitúa eso? Le he pedido ropa a los Reyes, sí, que ya es un paso, pero por dentro sigo siendo un niño. La verdadera pregunta es: ¿quiero dejar de serlo? O mejor aún: ¿tiene sentido?
Voy por la calle y veo por ahí a muchos adultos de esos, y los veo grises, como apagados, mirando hacia abajo al móvil o si hay suerte al suelo, y yo creo que eso es porque ya no juegan, o juegan poco. Os voy a confesar algo: lo que más miedo me da es volverme gris.
No concibo una vida en la que se nos prohíba jugar, porque si no estamos aquí para pasárnoslo bien, ¿para qué estamos? Así que yo juego, de una manera o de otra.

Gracias por haberme ayudado a llegar hasta aquí sin volverme gris.

Feliz Navidad, feliz 2017 y, sobre todo, felices y largos días llenos de juegos.

Postal_2016_blog.jpg

The empty chair


Te sientas siempre en la misma silla pero nunca reparas en ella, y si lo haces es como silla, nada más. Nunca piensas, por ejemplo, en la cola que la mantiene unida, esa sin la cual no habría silla sino un montón de palos. ¿Acaso no es esa cola más silla que la propia silla?

Me pasa algo curioso, y es que olvido infinidad de cosas pero hay frases que tengo grabadas a fuego. Da igual el tiempo que pase: si cierro los ojos estoy ahí, escuchándolas, escuchando a su dueño decírmelas. No son frases al aire ni a otro: son siempre frases que alguien me ha dedicado. Dudo que algún día consiga sacármelas de la cabeza.


Era de noche y tenía una crisis, adolescencia creo que la llaman ahora. Fui a verte, pues era lo único que sabía hacer en aquellas situaciones. En parte creo que forzaba esos momentos solo para ir a verte, como si hiciera falta un motivo. Te lloré mis penas, y eso no lo recuerdo, pero puedo intuir qué me afligía por lo que vino después: eso lo oigo perfectamente salir de tu boca.

No te das cuenta, pero eres como el pegamento. Piensas que todo esto se sostiene solo pero no es verdad: lo sostienes tú.

Tampoco lo recuerdo, pero tuve que sonreír, aún con los ojos húmedos, y estoy convencido de que fue una sonrisa de esas que te curan. Me conocías a la perfección, sabías siempre de qué cuerda había que tirar y además tenías razón.

Aprendí aquel día que uno no siempre puede ser silla, pero tampoco hace falta, que es igual de importante ser una pieza de un todo, pues un todo no es tal si le falta algo.
Yo era pegamento.


Soy pegamento, y hay otras marcas que podrán hacer lo que hago por lo menos de forma parecida, pero a día de hoy lo que sostengo yo no lo sostiene otro.
No puedo evitar pensar que, de algún modo, cuando yo me vaya parte de todo esto se vendrá abajo. Se vendrá abajo poco, quizá solo alguna teja, como cuando tiembla el suelo y hay quien ni lo nota, pero habrá quien tenga goteras y necesite un cubo.
¡Joder! ¡Quiero ser un cubo! Quiero ser ese cubo tanto como quise ser silla, pero soy pegamento.
Habrá otro que traiga el cubo y no seré yo, y supongo que es como lo de los clavos que se sacan entre sí, pero mientras se siga colando el agua alguien notará mi ausencia.

Quizá echar de menos es eso.

 

Sting – The empty chair

And somehow I’ll be there.

idk love


Cuando todo el mundo sabe quién es el asesino yo aún no tengo ni idea, y no creo que sea tonto: solo es que me gusta ir despacio. Disfruto con las sorpresas y no se puede decir que no lo pongo fácil.

Aquel verano nos lo pasamos juntos… y yo a lo mío.

El tiempo que se va no vuelve, pero ¿para qué íbamos a querer que lo hiciera? Se nos va el tiempo, por ejemplo, estudiando, y después disfrutamos de lo aprendido. Si eso volviera volveríamos a no saber, a estar en el principio. ¿Qué sentido tendría?
Se nos va el tiempo cambiando, haciéndonos mayores, creciendo.

Se nos fue el verano entero, casi en su totalidad, salvo algún día. Se nos fue a los dos, a ti que te dan alergia las cadenas y a mí que no sería capaz de reconocer el amor ni aunque llevara un neón con su nombre escrito encima. Se nos fueron días tumbados juntos bajo el sol hablando de la vida y no del tiempo, de los sueños y no del trabajo, de lo que íbamos a ser y no de lo que habíamos sido.

Se nos fue el verano sin que me diera cuenta de que el asesino era yo, pues en efecto el amor llevaba el neón encima, pero no era su nombre el que había escrito sino el tuyo.
Me sentí como esos tipos que llevan gafas de sol cuando es de noche.

Se nos fue el verano entero, salvo algún día, y el tiempo que se va nunca vuelve.
Te tuve en la punta de la lengua casi tres meses y no supe pronunciarte hasta que sentí que el siguiente fotograma era FIN.

 

Jeremy Zucker – idk love

With the Summer sun over us I never thought that I could feel this blind.