Free


A pesar de lo mucho que nos quejamos, todos necesitamos reglas y horarios. Nos atan, sí, pero son esas cadenas las que nos ayudan a mantener el orden, a acercarnos al tan ansiado equilibrio.
Tener una rutina es importante.

He dicho que las normas nos acercan al equilibrio, y lo mantengo, pero no que sean ellas las que nos permiten alcanzarlo.
No lo son.
Si dejamos que el día a día nos absorba y aceptamos sin más que eso es todo lo que hay estamos perdidos.
Tener una rutina es importante, casi tanto como saber cuándo saltársela.

El problema yace siempre en la inercia, en dejarnos arrastrar como si los lazos fueran irrompibles, como si no estuviéramos ligados a las obligaciones con esposas del todo a cien, de esas que pueden tener llave o no, pero que se abren igualmente con el movimiento justo o apretando un poco.

Cuando mires tus muñecas y veas ahí las cadenas piensa en lo que te acabo de decir, piensa en que eres tú quien ha decidido ponerlas y que eso no es malo. Piensa que no es malo siempre que, de vez en cuando, sobre todo cuando más aprieten, seas capaz de aflojarlas e incluso de dejarlas a un lado.

La cuerda es tuya: tú decides a qué te atas y cuándo te desatas.
Haz y deshaz tantos nudos como necesites.

Eres libre, en parte gracias a tus ataduras, sobre todo gracias a ellas.

Rudimental ft. Emeli Sandé – Free

At least I am free.

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La vi bailar flamenco


Igual que hay veces que lees un libro sin fijarte en las palabras o escuchas música sin reparar en la letra, te observé cada día de mi vida sin alcanzar a verte.
Paseé a tu vera, reí a tu lado, jugué en tu contra y hasta me enfadé contigo, pero al final de cada día siempre hubo un abrazo, un siempre y un gracias por ser mi amiga.

Igual que hay veces que hablas con alguien sin que tu mente esté en la conversación o miras un escaparate sin ver lo que hay en los estantes, viví cada día en tu compañía sin ver más allá de tu cristal.
Lloré en tu hombro, te conté mis penas y te quise casi tanto como se quiere a un hermano.

Y aquel día entraste enfundada en tu traje de lunares.
Lunares… lo pienso y aún me río.

De golpe leí hasta la última palabra, escuché la letra de esas canciones que había ignorado, me centré en cada conversación y vi lo que había al otro lado del cristal. Al otro lado del cristal estabas tú, bailando flamenco.
Jamás habría imaginado que podría ser ese EL MOMENTO, con mayúsculas, el punto de inflexión. Me demostraron lo equivocado que estaba tu metro setenta y uno acariciando el techo, tu melena envolviendo con mimo el aire que agitaban tus volantes y tus ojos llenando de luz cada rincón que miraban.
Y me llenaste de luz.

Fue así como un servidor, aun cegado por tu belleza, consiguió verte por primera vez.

Andrés Suárez – La vi bailar flamenco

La mujer más hermosa del mundo ahora baila flamenco.

30 minute love affair


Era todo un juego, aunque ya me había pasado antes, no contigo pero sí igual. Había perdido demasiadas partidas por encerrarme en esa idea y convencerme de que no había nada más que eso, pero ahí estaba yo haciéndolo mal de nuevo. Los juegos eran siempre los mismos; siempre había algo más. Mi estupidez también seguía siendo la misma.

Te acercaste. Te acercaste mucho. Tenías tu mano apoyada en el respaldo de la silla en la que estaba yo sentado, y con el gesto me inclinaste hacia atrás, despegando del suelo las patas delanteras, las de la silla y las mías. Estaba a tu merced, aunque ¿no lo estaba siempre?
Te acercaste más aún, aprovechando que no podía escapar, y me besaste. Tampoco es que quisiera escapar.
Me besaste como si nada.
Fue breve, pero es de esas cosas que esperas durante una vida y cuando pasan pasan, siendo lo de menos su duración.
Pasar pasó, y pasó tanto que me di cuenta de golpe de que no era un juego. No podía serlo, tenía que ser algo más: aquello era un sueño.

Te lo dije, te dije que era un sueño y sonriendo me dijiste que no. Te dije que sí, y que si no lo era me demostraras que no lo era. Sin dudarlo ni un segundo, cogiste de la mesa una hoja de papel y la sostuviste ante mis ojos.
Tiene razón. ¡No es un sueño!

Era evidente que no era un sueño, porque recordaba el momento exacto en el que había cogido ese papel y había hecho aquellos garabatos. Recordaba cómo había pintado cada uno de esos corazones, y ese sol cuyos rayos viajaban de extremo a extremo de la hoja, y ese arcoíris. Recordaba ser el autor de aquel dibujo digno de un niño donde te dejaba claro lo que sentía por ti.

Te vi sonreír desde detrás del papel y fui feliz, inmensamente, feliz como no lo había sido nunca. Feliz porque había pasado y había pasado de verdad, y era real porque lo recordaba todo, aunque si había algo que recordaba por encima de cualquier otra cosa eran aquellas palabras que había escogido con sumo cuidado, las mismas que mientras sostenías el papel ante mis ojos era incapaz de leer.

En los sueños no se puede leer.

Paloma Faith – 30 minute love affair

I’ll never forget it.