Merece la pena

Siempre he sido prudente, callado, ese que cumple las normas;
obediente, incapaz de hacer eso porque no se puede;
que quiere, pero sabe que no debe y eso le basta.
¿Y si nos pillan?
¿Y si nos ven?
¿Y si…?

¿Y si se acaba? Ya sabes, esto, no me hagas decirlo.
¿Y si nos pillan? Justo al final, que ya no haya vuelta atrás.
¿Y si nos pillan y se dan cuenta de que no hemos hecho nada?
Nada auténtico, nada de verdad, nada que valga la pena.

Pole. ft. Only – Merece la pena

¿No has intentado alguna vez explicar una sensación?

Socks

Hoy estaba doblando calcetines y he visto que uno estaba del revés. He pensado que debería darle la vuelta, pero me lo he cuestionado.

– ¿Por qué debería?
– Para que esté del derecho cuando te lo vayas a poner.
– ¿No podré darle la vuelta entonces?
– ¿Y si tienes prisa?
– Estamos hablando de doblar un calcetín.
– Pero, ¿y si tienes prisa?
– ¿Tanta prisa que no tenga tiempo ni de darle la vuelta a un calcetín?
– Tanta.
– No tiene sentido.
– ¿Cómo?
– Tengo muchísima prisa, tanta que no puedo darle la vuelta a un calcetín, ¿pero tengo tiempo de pararme a ponerme calcetines?
– No puedes ir sin calcetines… te rozan los zapatos.
– Eso es verdad.
– Dale la vuelta, anda.
– ¡Jamás!

Probablemente se tarde menos en darle la vuelta a un calcetín de lo que se tarda en tener esta conversación contigo mismo mientras lo miras fijamente, pero a veces hay que saber decir que no, aunque sea a ti mismo y acerca de un calcetín.

ACTUALIZO: Al rato me he arrepentido y he tenido que volver al armario, buscar el par de calcetines en cuestión y darle la vuelta a ese. Por si tengo prisa.

Out of Luck – Socks

I just can’t describe what I’m feeling inside right now.

Frambuesa

No me quiero poner místico y hablar del destino y todo eso, pero cómo es, ¿eh? Un día estás soñando algo y al día siguiente estás viviendo ese sueño, pero todo es muy real, ya sabes, casi demasiado; que los sueños no son así, no huelen así. Se siente, ¿verdad? En el fondo sabes si estás soñando, y ahora no lo estás, que el sol quema y se te ha olvidado ponerte protección, y ¿cuántas veces en un sueño has dicho ¡mierda, no me he puesto crema!?

Lo curioso de los sueños es eso, que a veces se cumplen.

De pequeño tienes muchos y los ves lejos, muy lejos, pero son tus sueños y los quieres.
Te sientas, coges tus colores y un papel y garabateas un plan.
Y te esfuerzas.
Y trabajas.
Y luchas.

Siembras, eso es lo que haces.
Nos pasamos la infancia, y quizá también la adolescencia, sembrando, de todo, por todas partes.
Y riegas y riegas y un día eso brota, y ahí lo tienes: tu sueño.
Si has sembrado mucho, no te has olvidado de regar y tienes suerte, brota también mucho. Es lo justo.
¡Y a recolectar! Pocas sensaciones hay mejores que comerte una fresa que está ahí gracias a ti.
La fresa es el sueño, es una metáfora.

Lo que pasa a veces es que con tanta cosecha se te olvida volver a sembrar.
Estás bien, te acomodas, no puedes quejarte pero… ¿eres feliz? ¿Es seguir recolectando lo que quieres? Vivir de los sueños que tuviste cuando eras joven, o más joven. No tiene nada de malo, pero habías enterrado otras semillas que nunca llegaron a germinar, y ¿a lo mejor estaría bien intentarlo otra vez? O plantar algo que ni te habías planteado, que ahora con esto de la primavera están las semillas de oferta, y nunca es tarde para soñar sueños nuevos.

Puedes vivir de fresas, e incluso ponerles nata y disfrutarlas aún más, pero ¿a qué debe saber una frambuesa?

Karla Cruise – Frambuesa

Sonidos que se escapan para regresar.