Nada que hacer


– ¿Qué hago? – me pregunta.

Es una de esas cosas que no termino de entender.
No es que no me guste, al contrario, me halaga, pero siempre que alguien me pide consejo me entra la misma duda: ¿seguro que soy yo quien quieres que responda?
Considerando que no suelo saber qué hacer con mi vida, ¿cómo voy a decirle a otra persona lo que debería hacer con la suya?

Sé que responder a una pregunta con otra es trampa, pero ea, que me echen.
– ¿Qué quieres hacer? – le suelto.
Responde sin siquiera pensarlo: lo tiene claro.
– No lo sé.
– Entonces no hagas nada.

 

Violadores del Verso – Nada que hacer

A veces me quedo sin aire y afónico.

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15 thoughts on “Nada que hacer

  1. Esa es una pregunta que descarga en ti toda la responsabilidad de su decisión final. Si lo que le dices sale bien, será porque lo decidió esa persona, pero si sale mal, la culpa será tuya por aconsejarle, jajajajajja, en cualquier caso, tu respuesta ha sido la mejor de todas.

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  2. Yo tampoco soy partidaria de dar consejos, o mejor dicho no me gusta darlos como algo decisivo pero si a nivel de hacer ver la opinión de otra persona que eso en según que momento puede ayudar mucho. Aunque también creo muchas veces lo que ayuda es contarlo, soltarlo.
    Y que te elijan para contarte sus cosas y pedirte consejo yo creo que es la mayor muestra de confianza que te pueden hacer…
    Otra cosa… yo creo que el no saber lo que hacer no quiere decir que no se tenga que hacer nada, aunque igual en este caso concreto puede que si lo sea… “rapidita tu respuesta” 😛
    Descansa mucho mucho mucho.
    Un abrazo tan grande como de aquí a la luna…

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    1. De rapidita nada: es una respuesta más que meditada. Si no tienes claro qué quieres hacer lo mejor es que no hagas nada: no tiene sentido hacer por hacer, ni suele acabar bien.
      ¡Buenos días!

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  3. Pingback: Don’t swim | Z
          1. Me dan ganas de reir, porque cuando yo era pequeñita, quizás 3 ó 4 años, mi mamá intentaba enseñarme con una lámina a Dios. Recuerdo que era una lámina, donde aparecía Jesús sobre el globo del mundo con sus manos extendidas. El resto de la lámina era azul oscuro con estrellas. Entonces, yo le pregunté a mi madre, de dónde venía Papá Dios y ella me dijo: “De la nada”. Fue la primera vez que escuché ese concepto. Por supuesto, entonces mi madre no pudo explicarme. Y ahora, es algo tan abstracto… Pero siempre la palabra me saca una sonrisa y es como si viera todavía la lámina y me recuerdo a mi, sentada en la orilla de la cama con mi madre, hablando de la nada.

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            1. Qué imagen más tierna, y qué profundo todo al mismo tiempo. Ojalá recordara yo tan claramente la primera vez que oí hablar de la nada. El primer recuerdo que me viene si intento pensar en esa primera vez es La historia interminable.

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