Zombies


Miro a mi alrededor cuando estoy en una sala de espera, en un ascensor, en un avión. Miro a mi alrededor y analizo una a una a todas esas personas con las que comparto el espacio. Pienso en cómo serán en su día a día, en sus inquietudes, en qué estarán pensando. Quizá esas personas estén pensando en el resto de personas con las que comparten el espacio. Quizá no.

Miro a mi alrededor cuando estoy en un autobús, en la cola del supermercado, en mitad de una reunión. Miro a toda esa gente y pienso en qué pasaría si pasara algo, una tragedia menor, un susto. Pienso en cómo reaccionaríamos ante lo inesperado, en quién haría qué, en qué pasaría luego.

Normalmente acabo pensando que lo mejor es que no pase nada, pero hay veces que el grupo promete tanto que no puedo evitar desear por un momento que llegue el drama. Por ver qué tal.
Estoy enfermo, ¿verdad?

A veces solo deseo que se vaya la luz, que se bloqueen las puertas, que entren los zombis. Sobre todo que entren los zombis.

 

Childish Gambino – Zombies

All I see is zombies walking all around us.
You can hear them coming (they come to take your life).

Demons


Gastamos demasiada energía en crear demonios externos con tal de no afrontar la realidad de que los verdaderamente temibles son aquellos que llevamos dentro.
No es el hombre del saco quien nos impide ser felices, ni los vampiros, ni los zombis… Nosotros mismos creamos nuestros demonios como quien le pone ojos y brazos a Mr Potato, otorgándoles atributos que cogemos de la lista de nuestros peores miedos, con lo que nos parecen prácticamente invencibles.
¿Qué hacemos una vez los tenemos? ¿Luchar? No hombre no, eso sería demasiado complicado: lo que solemos hacer es esconderlos, guardarlos en algún lugar de nuestras entrañas al que jamás sabríamos llegar si nos preguntaran y dejar que nos vayan carcomiendo desde dentro, que es mucho más sencillo. ¿Es sano? Más bien no, pero fumamos, bebemos y abusamos de las grasas y los azúcares. Donde caben dos hábitos poco saludables caben tres, y como tres son dos más uno siempre hay sitio para un nuevo tercero donde cabían dos de los primeros tres, y así donde caben dos terminan cabiendo, a ver por cuántos vamos… veinte. Y subiendo.

Son nuestros demonios y no hay nadie más que pueda enfrentarse a ellos, porque están hechos a nuestra imagen y semejanza; y aquí podría tirar también del hilo y acabar metiéndome con algún dios, pero ahora estoy por otros temas.

Enhorabuena: has creado un nuevo demonio, el Ctrl + Z no funciona y ya no te caben más. Sé que no querías, pero ha llegado el momento: o explotas, lo cual nunca es agradable y yo no suelo recomendar a no ser que me caigas muy muy mal, o coges lo primero que tengas a mano que se parezca a un arma y bajas al sótano a luchar.
¿Como es mi demonio me lo como yo solo? Pues tampoco, hombre, que compartir es amor, y no hay nada que diga amor como presentarte en casa de un amigo a las tres de la mañana con tu bestia alada de tres ojos y siete cuernos que come bebés que lloran mucho (hasta aquí bien) y señores con barba. ¿Podrá matarla tu amigo? Por supuesto que no, pero eso no quiere decir que no pueda estar a tu lado en el proceso, porque una cosa es que a tus demonios tengas que vencerlos tú y otra muy diferente que tengas que hacerlo sin ayuda, que no eres Buffy.

Y al final todo esto es para decirte que sí, que todos la cagamos, pero sé fuerte, ¿vale?

Imagine Dragons – Demons

But with the beast inside there’s nowhere we can hide.

Who let the dogs out?


Después de haberme informado mínimamente sobre la zona, el amable lugareño concluye:
– Campo, monte y bosques de pinos. Eso es todo lo que encontrarás por aquí.
– Perfecto: eso es precisamente lo que ando buscando – le digo mientras palpaba mi bolsillo derecho asegurándome de que la navaja estaba en su sitio.

– ¿Qué haces? – me pregunta el Señor Z desde algún rincón de mi mente.
– En las películas, cuando alguien dice algo así es que hay más, un secreto o algo.
– Esto no es una película, Z.
Odio que me llame Z y lo sabe, quizá por eso sigue haciéndolo. Es su forma de decirme que me considera una versión sin pulir de sí mismo, que tengo potencial pero me falta dar el paso. No pienso dar el paso. Lo ignoro.
– ¿Qué hay de esas películas basadas en hechos reales? De algún sitio salen, ¿no?
– Touché… – y desaparece.

Llevaré hora y media andando y he visto, en este orden, campo, monte y pinos. Y río. Sabía que el hombre no me lo contaba todo, aunque considerando el caudal del río yo también lo habría obviado.
No hay oscuros secretos. Mi vida no es una película.
– Lo siento, Z.
– ¡Cállate!
Acaricio la navaja por encima del pantalón y mentalmente le pido perdón yo también. Supongo que en otras manos serías más feliz, verías más la luz, tendrías más… ¡un momento! ¿Eso ha sido un grito? ¡Sí! ¡Lo ha sido! ¡Y de angustia! Sé que está feo ponerse contento, pero al fin parece que llega algo de emoción entre tanta planta.

Saco a mi afilada amiga del bolsillo y dejo que su hoja vea el sol. La empuño con firmeza en mi mano derecha y me acerco sigiloso al lugar desde el que ha venido el alarido. Parece que es después de aquella curva. Camino despacio porque, haya lo que haya tras el giro, no parece una buena idea que me detecte antes de que lo haga yo. Otro grito desgarrador. Tuerzo y lo veo, tirado en el suelo sobre un charco que probablemente sea de su propia sangre. El hombre no está solo: una especie de perro le está olisqueando la cara. Me fijo bien y descubro que la criatura en cuestión no lo olfatea, sino que le está devorando el rostro. Tal cual.
Pese a que en mi cabeza me muevo cual ninja, no consigo eludir la percepción del sabueso, que me mira desafiante durante unos segundos antes de echar a correr hacia mí.
– ¡Perrito bonito! ¡Perrito bueno!
– ¿En serio?
– Yo qué sé, tenía que intentar algo…
Se me abalanza encima y, en un último intento de no hacerle daño, lo sujeto del cuello con mi mano izquierda. No me deja alternativa: el chucho del demonio intenta vencer la resistencia que ofrece mi mano para morderme a mí también. Cierro los ojos, lanzo mi brazo derecho hacia arriba siguiendo un arco y llueve caliente, fétido y con tropezones. Dejo de sentir el pulso en el cuello de la bestia, así que lo arrojo a un lado sabiéndome a salvo.

¿Qué era eso? ¿Cómo había alcanzado ese estado? ¿Algún tipo de enfermedad? ¿Era un perro zombi? ¿Vendrán más?
Nunca lo sabremos, porque es todo mentira, pero es que un día entero de monte, bosque y campo a mi cabeza le da para mucho.

Baha Men – Who let the dogs out?

Woof, woof, woof, woof.