Claro que hace falta hablar


Hablar otro idioma no es fácil: uno tiene en la cabeza todo eso que quiere decir y lo tiene claro, pero está en otra lengua y hay que traducirlo, y así no se puede; no siempre al menos. A uno le faltan palabras, práctica, soltura… Uno habla pero no dice lo que quiere decir, no todo, y es como que está viviendo a medias, que es menos él, porque somos nuestras palabras y sus palabras no son todas las que son.

Es esa sensación la principal culpable de que hablar otro idioma no sea fácil, pero es que a mí me pasa eso mismo con el mío. No sé si es que pienso más deprisa de lo que soy capaz de hablar, que es mucho, o que pienso palabras que no soy capaz de traducir a mi propio idioma, cosa que si analizas con detenimiento tiene el mismo sentido que si no lo haces.
Quizá nunca aprendí a hablar del todo.

Hablar un idioma no es fácil, y a lo mejor la culpa la tienen ellos, los idiomas, que se las dan de complicados pero son incapaces de captar la esencia.
Seguro que es eso.

Voy a inventar un idioma que no tenga fallos.
Uno donde no haga falta hablar.

 

Ella Baila Sola – Claro que hace falta hablar

Me confunden las palabras obligadas por el tiempo.

Simplement


He visto un plátano y me he acordado de ti. Ahí me he dado cuenta de que algo iba mal… o bien. Demasiado bien quizá.

No eres el primer piso, y eso quizá no suma pero tampoco resta, que ya he vivido en muchas casas y he aprendido en qué hay que fijarse antes de entrar a vivir.
He dicho muchas, pero muchas muchas tampoco, o sea, depende de lo que uno entienda por vivir. Un número normal de casas, supongo; dentro de la media.
¿No os pasa que a veces os perdéis con tanta metáfora?

El plátano me ha recordado a ti porque tenía pintitas marrones, algo que siempre ha pasado. Plátanos de Canarias, calidad máxima, todo el mundo lo sabe.
Siempre han tenido esas pintitas, pero hoy son pecas: tus pecas; y me pregunto si volverán en algún momento a ser simples manchas o a partir de ahora serán siempre tú.

Mal… o bien, aunque no tengo prisa por saberlo.
De momento dos de dos, y es fácil.
Todo debería ser fácil.
Hasta buscar piso.


Esta entrada sigue sin hablar de pisos.

 

Blaumut – Simplement

Simplement avui et miro sense pressa.

Second date


Quizá sea arriesgado, pero yo eso de ir a las citas a aparentar no lo veo: ¿por qué tengo que esforzarme en parecer normal si no es el caso? Si al final nadie lo es, y además, ¿hay algo más aburrido que una cita normal?
Seguro que la respuesta es sí, pero pocas cosas.

Podría ponerme mis mejores galas, dármelas de intelectual o de profundo, controlar mis comentarios fuera de tono e incluso afeitarme, pero ¿para qué? Decía mi madre que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, y a mí últimamente me duele un poco la pierna. Y la barba me crece demasiado rápido.

Quizá sea arriesgado, pero estoy casi seguro de que tengo el récord de primeras citas sin Continuará. Voy a lo loco, sin filtro, yo al cien por cien. Es más, creo que a veces fuerzo un poco y llego al ciento veinte; porque me encanta vivir al límite y esto es como lo de los espermatozoides, que muchos lo intentan y solo uno lo consigue.

Pensamos siempre en cómo hacer las cosas fáciles, pero a veces hay que saber poner barreras.

Aprendí mucho del óvulo que fui cuando era joven.

 

Vivian Girls – Second date

We’ll be together til the end.