Fight song


Seguro que conocéis a ese tipo de gente que compara cualquier situación de la vida con un capítulo de Los Simpson. Los odio (en plan bien, ya sabéis cómo soy yo con eso del odio), porque no es solo que lo comenten, sino que además esperan que sepas exactamente de qué están hablando.
Me gustan, sí, pero no me sé cada episodio de principio a fin, respondo yo, no con palabras sino encogiéndome un poco de hombros y mirando hacia arriba; muy sutil todo, demasiado al parecer, pues ellos siguen.
¡Que no sé de qué me hablas!
Y me miran raro.
Lo siento, ¿vale?
Creo que es de esas cosas que me ponen un poco más nervioso de lo que sería normal.

¿Os acordáis de aquel capítulo de Los Simpson en el que a Bart lo bajan de curso y a Lisa la suben? Me acuerdo hasta de cómo lo llamaron en España: Bart contra Lisa contra tercero de primaria.
Hoy me ha venido a la cabeza la escena en la que a Lisa le preguntan si prefiere ser un pez grande en una pecera o un pez pequeño en un océano, o algo así, como seguro que os acordáis todos tampoco hace falta que sea muy preciso.
La vida al final termina siendo eso: quedarse donde uno está cómodo y se siente grande o salir a mar abierto donde uno es insignificante y vulnerable.
Y resulta que Lisa elige pez grande. (pezón)

Se me cayó un mito, porque Lisa es lista y, sí, es repelente, pero yo también lo soy y no pasa nada. Lo que no esperaba era que fuera tan conformista, tan contraria al reto.
Lisa, tú antes molabas.

Yo elegiría pez pequeño, pero el tema es que tú no eliges, o no del todo, que es la vida la que determina el tamaño de tu pecera y tu dieta la que define el perímetro abdominal del pez. Yo desayuno desafíos.

Hay peceras muy bonitas, pero son finitas y tarde o temprano cansan. No nos quejemos cuando el mundo nos supere y nos encoja: demos gracias por no estar encerrados entre paredes de cristal, por tener la oportunidad de explorar ilimitadamente, por haber nacido pezqueñines.

 

Rachel Platten – Fight song

I might only have one match but I can make an explosion.

Shit, man!


La vida son puertas y yo un participante perpetuo de un curioso concurso de televisión, ese tipo que nunca gana y vuelve programa tras programa a luchar de nuevo por el gran premio final.
En la última prueba siempre hay tres puertas y tengo que elegir una.
Dos premios de mierda y el premio gordo.
Me equivoco siempre.

Estoy siempre ahí a la misma hora, en el mismo canal. Regular que es uno.
No sé cómo será en tu lugar de trabajo, pero en los baños del mío hay tres puertas. Cada día es la gran final.
El premio gordo es no tener premio, mientras que en los premios de mierda no voy a entrar, que bastante bien los describe ya el nombre.

Llega un punto en el que, visto lo visto, empiezo a preguntarme si es que cago mal. Sí, tal cual, lo has leído bien.
Yo acabo y me preocupo de dejarlo todo limpio, uso la escobilla cuando procede y todo ese rollo (humor de WC).
La escobilla, esa gran desconocida.
Soy raro, ¿verdad?

Hay veces que abro las tres puertas y todas son la puerta mala, que el truco era retirarse con lo ganado pero me puede el ansia.
Y como no soy cabezón repito siempre al día siguiente.
Algún día ganaré, ¿no?

No ha sido hoy, pero no me gustaría despedirme sin saludar antes a todos esos cerdos que hacen posible que una necesidad básica se convierta en una aventura sin parangón; a ellos y a mi madre, que no se pierde nunca el programa.

¡Hasta mañana!

 

Skylar Grey ft. Angel Haze – Shit, man!

It comes to hit you when you are least expectin’ it.

I’m gonna be (500 miles)


Deberíamos cenar algún día, como ahora mismo o ayer, que vale que ahora es media tarde y no procede, pero ayer durante un rato fue de noche. Deberíamos haber cenado anoche, pero en lugar de eso andamos. No anduvimos, eso es de gente estirada que sabe castellano: andamos, mucho y deprisa, como hace uno cuando desafía al frío.

Anoche hacía más hambre que frío, pero yo quieto me bloqueo y un paseo me pareció mejor idea. Contaba con tu sentido común para pararme los pies, que lo último que necesita un loco es que le den alas… y te dio por volarme al lado.

Horas caminando en sesenta minutos, confirmando que el tiempo es relativo y como aquel detergente cunde más de lo que cuesta.
Lo que costaba era aceptar la cuenta atrás, tanto que me negué a mirar el reloj.
Ya se convertirá en calabaza.

Calabaza no te hiciste, pero igualmente adiós, con tu sonrisa, tus ojos y un montón de palabras que no entendí. Ni una.
Tampoco tenías cara de estar diciendo nada malo.

Me olvidé el frío en tu portal y volví a casa, pensando, decidiendo cuál iba a ser la estrategia. En el amor como en la guerra noséqué, pero las guerras no se ganan sin un plan. Era demasiado pronto para escribirte, aunque un ataque por sorpresa podía resultar efectivo.
No, mañana si eso, o ya si no pasado…
Yo quería ya.

Tuvo lugar entonces una de esas conversaciones que entablan mi yo infantil y mi yo adulto, que como mucho tendrá quince, donde las fuentes de sabiduría son capítulos de Al salir de clase que nunca vio por encontrarse aún dentro.
De ahí saltaron a Elsa Pataky y se les fue un poco el santo al cielo.
Me tocó poner orden.
¡Chavales! ¿Qué hacemos? ¿Le escribo o qué? ¿O cuándo?

En esas saqué el teléfono por aquello de ver la hora, realmente para ver la hora; juro que no era una excusa para ver si tenía alguna notificación. No lo era porque mi cabeza estaba demasiado ocupada en elegir el mejor momento para probablemente mandarte el icono del mono. Puedo estar días dándole vueltas al tema y enviarte el puto mono. Y punto.
Soy así, pero se me termina cogiendo cariño.

Ver la luz azul encendida me hizo olvidarme de querer saber la hora, ya para qué: aquel círculo color tus ojos podía ser cualquiera, pero yo sabía que era la opción que no me había planteado, que te habías adelantado a mi estrategia.
Sonreía ya antes de leerte.

Vale.

 

Sleeping At Last – I’m gonna be (500 miles)

But I would walk 500 miles and I would walk 500 more.