I don’t know my name


Es imposible que yo hubiera decidido cómo quería llamarme: nací sin saber hablar.
Mi nombre lo eligieron mis padres por mí, y supongo que tiene sentido.
Nací siendo suyo, indefenso, dependiente… y callado.
Creo que lo que más me limitó a la hora de autobautizarme fue el hecho de nacer callado.

Nombres, ¿verdad?

Se los ponemos a todo, y supongo que tiene sentido. No podemos llamar a algo que no se llama, y nos gusta llamar. ¡Nos encanta! No habríamos inventado los teléfonos de no ser así.

Damos nombre a todo lo que entra a nuestra vida, a todo lo que se hace nuestro.
Mis padres me pusieron uno, pero ¿no debería ser solo suyo?

Quizá cada persona debería ponerle nombre a toda aquella que entrara en su vida.

Quizá deberías buscarme uno para cuando me haga tuyo.

 

Grace VanderWaal – I don’t know my name

I don’t play by the rules of the game.

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Everybody talks


No creo que hable mal la lengua, pero claro, no es la mía, y eso se nota. Se nota, por ejemplo, en todas esas conversaciones que no entiendo, que la gente habla todo el día y yo no puedo escuchar todo el tiempo. ¿Se pueden tener encendidos los cinco sentidos a la vez? Siempre he pensado que no. ¿No dicen que los hombres no podemos hacer dos cosas a la vez? Imagínate cinco.

Vivo mi día a día entre palabras que no siempre entiendo, porque en tu idioma es fácil captar los mensajes aunque no te concentres, pero en otro cuesta, que si es de rebote no me entero, que si no pongo la oreja tururú.
Aquí hay mucho de eso.
Demasiado tururú.

Me estoy perdiendo el cincuenta por ciento de mis días: toda esa gente que habla sin parar, los que no se despegan del teléfono, los compañeros que adoran divagar. ¡Me lo estoy perdiendo todo! Y no puedo evitar recordar cómo era antes, en mi país, cuando no necesitaba esforzarme para captar toda esa información que ahora se me escapa.

¿Me explica alguien cómo he podido aguantar tantos años escuchando toda esa mierda?

 

Neon Trees – Everybody talks

All this trash talk make me itching.

Contigo


Quédate con esa persona a la que veas siempre como la primera vez cada vez que la mires.
Quédate con esa persona que te haga sentir lo que siento yo cuando te miro.
Quédate contigo.
¿?

Eso es lo que me pasa, que echo a hablar sin rumbo cual adolescente embobado con la pantalla de su teléfono, salvo por lo del teléfono y lo de la edad, pero tú eres mi móvil. Por no querer perderme ningún mensaje soy incapaz de desviarte la atención, y no sé adónde voy, y bla bla bla, a lo loco, pero mientras te dure la batería para mí no existe el mundo.
El caso es que las pilas no se te acaban, y yo hace tiempo que no sé dónde vivo porque estoy siempre en tus ojos.

Quédate con esa persona a la que veas siempre como la primera vez cada vez que la mires.
No puedo saber si serás tú, pues desde que te vi no he mirado otra cosa: no hay manera de salir de esta primera vez.
Pero me quedo contigo.

 

Antonio José – Contigo

Ahora ya me ves rendido, hablándote al oído.