Heroes


Querías vivir una película pero no sabías que vivir una película era esto, que no puedes ser un héroe sin villanos, que para sobreponerte a los obstáculos necesitas eso, obstáculos, cuantos más mejor. Toda esa mierda te hará fuerte, que un héroe no se curte comiendo perdices y aquí todo va de eso, de curtirse, de crecer, de que vea el espectador lo mucho que has conseguido y sobre todo cuánto te ha costado. No hay empatía si no hay sacrificio, esfuerzo, sudor, lágrimas, sangre.
Tú querías eso, ser el protagonista, tener tu banda sonora, el final feliz. Qué más daba el precio: querías vivir una película.

A lo mejor si no te hubieras empeñado en meterte en la pantalla todo sería fácil, no habría malos, podrías ser feliz todo el tiempo; pero querías vivir una película, ¿verdad?

 

David Bowie – Heroes

We can be heroes, just for one day.

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L.G. FUAD


Nadie habla del tema. Nadie hace preguntas.
Mucha gente lo ha visto. Todos conocemos a alguien que lo ha vivido en primera persona.
Aun así nos negamos a admitirlo.

Lo mejor para evitar que algo salga a la luz es fingir que no está ocurriendo. Una vez más, los medios de comunicación han tratado de ocultar los hechos; aunque al final siempre hay alguien que termina rompiendo el silencio, que estalla porque no puede seguir más con la farsa.
Yo me niego a seguir callado: hoy voy a convertirme en ese alguien.

Siempre hemos visto a los calcetines como unas prendas sin preocupaciones, felices. No necesitan comer, ni estudiar, ni trabajar; y encima vienen en pareja, por lo que tampoco se aburren ni duermen solos. Sin embargo, ¿nos hemos parado alguna vez a pensar en lo que sufren realmente?
Viven como sardinas en un oscuro cajón, obligados a convivir con decenas de congéneres, e incluso con otras prendas con las que nadie se ha tomado la molestia de preguntarles si se llevan bien o no.
No obstante, eso no es lo peor. ¿Os gusta que os pongan los pies en la cara? A ellos tampoco. Los pies sudan, y no les queda más remedio que aguantarse las ganas de vomitar mientras se tragan hasta la última gota. Es algo sumamente desagradable, pero nadie dijo que la realidad no fuera dura. Además, últimamente, con el tema de la crisis, la gente va más acelerada y estresada. ¿En qué se traduce eso? En más sudor.
A estas alturas uno empieza a alegrarse de no haber nacido calcetín.

Lo más triste es que la cosa no acaba ahí: nuestros amigos traga-sudores viven aterrorizados sabiendo que no todos los que se van vuelven, que esa máquina que los moja y los marea a menudo les arranca la vida.
Cuando uno desaparece la vida de su pareja pierde el sentido. Algunos viven desde ese momento con la ilusión de que algún compañero corra la misma suerte y decidan emparejarlo de nuevo. Otros buscan otras salidas.

Hacinamiento, oscuridad, náuseas, depresión… todo nos lleva a ese gran tabú.
Amigos, nos encontramos ante una de las grandes epidemias de nuestro tiempo: los calcetines suicidas.
Cada vez son más los que, viéndose incapaces de afrontar un nuevo día, se decantan por la vía rápida.
Se han registrado numerosos casos de calcetines que se han soltado de las cuerdas del tendedero, precipitándose al vacío con los ojos cerrados y la esperanza de que, al llegar al suelo, termine su pesadilla.
Dediquemos un minuto de silencio a todos los que se han ido.

Cada segundo que pasa un calcetín se libera de la pinza y salta.

Dediquemos un minuto de silencio a todos los que se irán.

Motion City Soundtrack – L.G. FUAD

Maybe I’ll win, but for now I’ve decided to die.