The kill (Bury me)


Os va a parecer una locura, porque soy joven y todo eso, pero a veces me pasa algo y pienso “¿será esto lo que me mate?”. No me agobio ni me preocupo demasiado, pero la pregunta está ahí. Algo tiene que ser, ¿no? Es decir, ahí vamos todos; y soy joven, sí, pero hay muchos que se han ido antes (mucho antes incluso).
Empiezo a ser demasiado viejo para morir joven.

Me duele un poco aquí pero no es nada, voy a cruzar aunque esté rojo porque no viene nadie, si acelero un poco seguro que paso antes de que cambie el semáforo… No busquéis las estadísticas de muertes causadas porque alguien se salta un semáforo en rojo, pero no os saltéis los semáforos en rojo, anda, que tampoco hay tanta prisa.
¿Será ir corriendo a todas partes lo que me mate?

Lo pienso y me siento raro, porque no debe ser normal, ¿verdad? Aunque tampoco hay nada normal, y creo que solo necesito que alguien me diga que no estoy solo.
Leí el otro día que tendemos al aislamiento y eso nos mata. También.
¿Será estar solo lo que me mate?

Dime que no estoy solo, anda, aunque sea mentira.
Dime que no me va a matar eso, que moriré acompañado y que alguien llorará por mí. Aunque no seas tú. Aunque no importe.

Lo que no te mata hará que te mate otra cosa.

 

30 Seconds to Mars – The kill (Bury me)

Look in my eyes, you’re killing me, killing me.

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Scared to be lonely


Alguien debería decirles a los del supermercado que tienen los huevos mal, que casi todo el mundo sabe que no hay que ponerlos en la misma cesta y ellos los tienen ahí, juntos, como si no supusiera eso un riesgo.
El problema es doble cuando uno piensa en esa gente que aún no sabe lo de la cesta, que seguro que llegan a casa y los dejan uno al lado del otro. Si eso no es una señal de que la raza humana está condenada no sé qué es.

La vida sería mucho más fácil si en el supermercado hubiera un huevo al lado de los yogures, otro con los kiwis, otro entre el Fairy y el Mistol y así, pero no; y no me vale la excusa de que los ponen en el mismo sitio para que la gente los encuentre con facilidad: ¿no sería mucho más fácil encontrarlos si estuvieran en todas partes?

Lo más triste de todo esto es que yo soy uno de esos que llega a casa y deja los huevos juntos, todos en la misma cesta, ¡a la mierda el sentido común! Y los dejo en el frigorífico, aunque no haga falta, porque tenerlos fuera es como discriminar, como si el resto de la comida fuera digna y ellos no, y no sé, iban a ser pollitos, digo yo que tendrán sentimientos.

Dejar los huevos fuera del frigorífico debería ser delito, por cruel. Seguro que por las noches sienten miedo y lloran, que tiemblan por falta de frío.
A los huevos les aterra estar solos.

Y a quién no.

 

Martin Garrix & Dua Lipa – Scared to be lonely

Is the only reason you’re holding me tonight ‘cause we’re scared to be lonely?

Peces de ciudad


Hace mucho que no estoy en una barca en mitad del mar, pero hasta donde recuerdo los peces suelen alejarse de cualquier cuerpo que les resulta extraño, como esa barca en la que hace tiempo que no estoy. Los peces rara vez nadarán hacia ella, y ya ni hablamos de establecer contacto. Solo un pez loco saltaría de cabeza a lo desconocido.

Hay muchos peces en el mar, es cierto, pero de forma natural se alejan: lo llevan escrito en las escamas. Quien quiera peces que se moje el culo, pero antes que compre una caña: ellos solos no van a venir.

El principal problema es pescar, que al menos a mí me da pereza. Y no sé.
Pongamos que quiero un mero, pero parece que en mi trozo de mar solo hay sardinas. ¿Qué hago si no quiero sardinas y no sé dónde habitan los meros? ¿Espero? ¿Me voy? ¿Me aficiono a las sardinas?

El otro problema, y puede que para mí el más importante, es que la pesca es un arte que se basa en el engaño, y no lo veo justo. Engañar va en contra de mis principios.
Quizá está todo el mundo por ahí poniéndose las botas mientras yo paso hambre, pero paso hambre de manera íntegra. En mi barca. En mitad del mar. Solo. Esperando que algún pez loco dé el salto.

Joaquín Sabina – Peces de ciudad

Que mordieron el anzuelo, que bucean a ras del suelo, que no merecen nadar.