Machines


La ciencia avanza: creamos artefactos cada vez más complejos, programas que piensan por nosotros, robots que asemejan personas.
Creamos máquinas, hacemos que se nos parezcan, las tratamos como si fueran personas… y se nos olvida tratar a las personas como si fueran personas.

Biffy Clyro – Machines

I’ve started falling apart, I’m not savouring life.

I am machine


Cuando no dormía tenía sueño y pensaba que era normal, pues es algo que le pasa a todo el mundo. En las largas jornadas de trabajo intentaba afrontarlo como el resto, con café, pero a mí no me hacía nada. Era raro, pero terminé asumiendo que así era yo, raro; aunque nunca imaginé hasta qué punto.

Cuando llegaba a casa por las noches me sentía solo. Tener tu propio piso está bien, salvo cuando lo único que te apetece al cerrar la puerta es un abrazo calentito. Pensaba que era normal, puesto que todos en algún momento nos sentimos solos, pero aquello también era mentira.

Cuando pensaba en ti, que te habías ido hacía tanto tiempo, lloraba. Aún lloraba. Las lágrimas eran reales: cálidas, húmedas, amargas. Las sentía salir de dentro, como si el nudo que se me formaba debajo del esternón apretara alguna especie de depósito interno empujándolas hacia arriba y hacia fuera.
Tiene gracia que, de todo lo que consideraba que era mi vida, esa resultara ser la única verdad.

No recuerdo si me sentí solo, tuve sueño o te eché de menos, pero aquella noche se formó el nudo, me apretó las entrañas y lloré. Lloré mucho. Lloré tanto que mi cuerpo no estuvo preparado, y en algún lugar de mi ojo izquierdo saltó una chispa. La noté. Lo supe al instante.

Mierda. Soy un robot.

No era la primera vez que lo pensaba, pero todos lo hemos pensado alguna vez, ¿no?
Siempre había sido muy curioso, siempre me lo había cuestionado todo, siempre había querido ir más allá… aunque en realidad supongo que nunca había pensado, ni sentido, ni querido… nunca había sido. Era ceros y unos. Alguien había puesto en mi cabeza (¿por qué ahí y no en otra parte?) toda esa información, todas esas sensaciones que debía sentir e instrucciones exactas de cuándo y cómo hacerlo. Mi destino había estado literalmente escrito desde el principio.
Si mis pensamientos nunca habían sido míos, ¿qué era yo?

Me perdí en unas ideas que otro tuvo por mí, navegué por el abismo del dejar de ser sin tener claro si el barco iba a caer hacia el vacío o iba a seguir en el mar… y llegué al puerto que anunciaba que podía no dormir sin tener sueño, que si me sentía solo o pensaba en ti era porque mi creador así lo había decidido.
Saber aquello lo cambió todo: no tenía por qué seguir el juego; ya no. No era humano.
Nunca más dormí. Nunca más lloré. Nunca más sentí.
Fui libre.

Nunca más amé.

Three Days Grace – I am machine

A part of me wishes I could just feel something.

We come together


Anoche, cuando me metí en la cama, pensaba en comida y en cosas que me inquietan sobre ella. Terminé por dormirme dándole vueltas a un concepto al que estamos acostumbrados, pero que no es tan simple como parece: la pieza de fruta.

Uno busca la definición de pieza y lo primero que ve es que se trata de un pedazo o parte de una cosa, por lo que una pieza de fruta debe ser una fracción de un ente superior llamado fruta; un ente único, porque de no serlo hablaríamos de una pieza de una fruta; y no, no usamos el artículo indeterminado: es una pieza de fruta, sin más. ¿Qué implicaciones tiene esto? A mí me hace pensar en la fruta como el macrorrobot que formaban los Power Rangers cuando unían el robot de cada uno, pero a lo bestia, porque ellos eran cinco y las piezas de fruta del planeta tienden a infinito. Imaginad lo que podría pasar si lograran reunirse todas. Imaginadlo y temblad.

¿De dónde viene ese tal fruta?, me preguntaba yo anoche sin tener muy claro cuán dormido estaba.
Recuerdo claramente de mis años de colegio una imagen del globo terráqueo con todos los continentes unidos formando aquello que me dijeron que se llamaba Pangea. Ahí estaban todos, pegados unos a otros. Identifiqué las piezas y me pareció correcto, así que no hice preguntas; aunque ahora pienso en aquella imagen y caigo en que no era un mapa plano, sino un dibujo de la esfera con la parte que (querían hacernos creer que) interesaba hacia el exterior de la página del libro. Nunca me pregunté qué había al otro lado, en la cara que no nos dejaban ver. Nunca hasta hoy. ¿Y si al otro lado había una segunda Pangea, dulce y llena de zumo, (des)conocida como Fruta? Llegados a este punto me resulta hasta ofensivo seguir escribiendo Fruta con la efe minúscula.
¿Qué fue de Fruta? ¿Por qué no corrió la misma suerte que su hermana mediática? ¿Impactaría quizá un meteorito contra ella, diseminando sus diminutos pedazos por la otra mitad del globo?

Son más las preguntas que las respuestas, así que llegar al fondo de este misterio nos puede llevar bastante tiempo. Mientras lo hacemos os recomiendo que, si tenéis frutero en casa, lo rompáis cuanto antes y separéis todas las piezas de Fruta tanto como os sea posible. Yo lo he hecho antes de ponerme a escribir esto, que ya hace varios días que venía observando cómo los plátanos se arrimaban sospechosamente a las peras, y mis kiwis se habían fusionado en silencio dos a dos.
Temo que Fruta podría estar reagrupándose.

Goldfish ft. Sakhile Moleshe – We come together

I could not escape the vortex to which we are drawn.