Tumble and fall


El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero es que yo tropiezo con la misma baldosa cada día. CADA DÍA. ¿Significa eso que no soy hombre? No lo sé: no tengo claro qué define al hombre, aunque si es el hecho de tropezar dos veces con la misma piedra voy mal… o demasiado bien. ¿Soy acaso un superhombre?

El caso es que entre la baldosa y yo se ha forjado una relación que a lo mejor sana del todo no es, que yo le doy un puntapié de buena mañana y ella casi me tira al suelo, pero es una relación, fruto de la rutina y del día a día, y al fin y al cabo esos son los ingredientes básicos. Y si una mañana no tropiezo me falta algo.

Yo creo que ella está igual, que se levanta por las mañanas pensando “a ver cuándo pasa”, y sí, se levanta. Normalmente las baldosas solo se despiertan, pero esta es especial. Probablemente sea igualita al resto, pero ahí es donde entra la magia de las relaciones. Y si no se levantara no tropezaría. Y si no tropezara no estaría escribiendo esto. Y si no escribiera esto no lo estarías leyendo. Y si no lo leyeras… no sé, vete a hacer algo.

 

Feeder – Tumble and fall

We tumble and fall. Together we crawl.

Cold little heart


La despedida es fría, no por falta de sentimientos sino quizá por exceso. Le ocurre a veces que siente demasiado pero no sabe exactamente qué, y esta es una de esas veces. Durante el último año ha deseado en más de una ocasión que llegara el momento, que si una relación tiene más bueno que malo sabe que es mala, pero el líquido tiende a la mitad del vaso y ya no es cosa de optimismo ni de pesimismo sino de contar con una herramienta de medida que no existe, pues no hay precisión a la hora de calibrar los sentimientos.

La despedida es fría: se dicen adiós, se miran, se dan la mano. Duda, y odia cuando eso le pasa, cuando no sabe si quiere dar un abrazo o no, si debe o no, si lo que sea o no. El vaso se mueve, el líquido oscila y así no hay manera de decidir nada.
Medio lleno, medio vacío, medio lleno…

Se va, quizá para siempre, quizá para volver algún día de otro modo o del mismo, pero quizá para siempre. Podría ser rutina, cariño, costumbre, síndrome de Estocolmo… y probablemente nunca lo sepa, pues esta es una de esas veces en las que siente demasiado y no sabe qué. Y ya se va.

Y la despedida es fría.

 

Michael Kiwanuka – Cold little heart

We can try and hide it.