Chill in the air


Cada objeto que recojo hace que esta sea un poco menos mi casa. Es normal, no digo que no, pero es raro. Las mudanzas son raras… o no. A lo mejor somos nosotros los que las hacemos raras. ¿No es esa la historia siempre? Nada es raro de por sí, ni difícil, ni malo. Somos nosotros.

Esta vez he empezado con tiempo, quizá demasiado, pero de vez en cuando me gusta que las cosas sean fáciles; evitar el pánico del último minuto, ya sabes. De vez en cuando sólo.
Empezar con tiempo se traduce en que voy a estar casi un mes viviendo entre cajas. Todo sin prisa, muy chill, recogiendo un poco cada día.
¿Soy el único que odia cuando alguien cuela palabras en otro idioma sin que haya ninguna necesidad?
Cada poco que recojo hace que estas paredes se sientan un poco menos mías, y ahora en mitad de todo esto me pregunto si empezar pronto ha sido buena idea.
Cada poco que recojo esto es más raro… o no. Nada es raro de por sí, ni difícil, ni malo. Soy yo.

Amos Lee – Chill in the air

I don’t live there anymore.

A fuego lento


No tengo una olla exprés, ni sabría usarla, ni quiero. No quiero una olla exprés porque para mí si no se cocina despacio no se le puede llamar cocinar; que la comida, como la vida, hay que prepararla con cariño.

Seleccionar los ingredientes no es tarea fácil, y no se puede hacer a la ligera. No vale cualquier especia, ni vale cualquier verdura, ni vale cualquier persona. El sabor de un momento depende de la compañía, y no es que en tu vida vayas a comerte un solo plato, pero tampoco le veo sentido a pasarte años a base de Big Macs.

Tomarte tu tiempo no es malo: vale más pasar un poco de hambre que comerte cualquier cosa, que luego llegan los remordimientos, los dramas y las dietas. Siempre digo que si no estás seguro de algo no deberías llevártelo a la boca. Es la primera vez que lo digo.

Si la cocina es el corazón de un hogar (nótese que digo hogar y no casa) no es precisamente por ser el lugar donde habita la olla exprés (muerte a la olla exprés), sino porque es allí donde se cocina la vida, al compás de buena música, con una copa de vino en mano y, sobre todo, a fuego lento.

Rosana – A fuego lento

Vamos tramando este alboroto con la danza de los mares y el sabor del poco a poco.