Half a man

Siento que se me ha escapado la profundidad, que yo era una piscina de las grandes, quizá no toda pero al menos el lado hondo, ese que da respeto o miedo o un poco de los dos, que te lo piensas dos veces antes de saltar.
Se podía nadar, ¿sabes? Qué nadar, ¡se podía bucear! Creo que no se le puede decir algo más bonito a una persona que que se puede bucear en ella.
Sé que es raro porque estoy hablando de mí, pero cuando uno habla de lo que ha perdido puede decirse cosas bonitas sin miedo a sonar engreído. En verdad deberíamos decirnos cosas bonitas siempre, en pasado y en presente, que si no nos queremos nosotros ¿quién? Pero eso para otro día.

Se podía bucear, bajar y seguir bajando, que quizá ni te lo acababas por mucho que fueras capaz de mantener la respiración. Tenía yo más capas que el armario de Superman, y estaban todas ahí, a la vista de quien quisiera verlas. Querer de verdad.

Ahora no sé, me siento un poco superficie, ¿sabes? No superficial, que aún puedo sumergirme en otros, pero ¿qué hay de mí? ¿Y si me he convertido en la piscina de los niños? ¿En una hinchable de oferta del Lidl?
Es como si debajo no hubiera nada, que no se puede bajar, que enseguida das con el fondo.
Y yo que antes pensaba que lo mismo ni tenía de eso…

Dean Lewis – Half a man

‘Cause I’m a sinking ship that’s burning.

Concrete jungle

No hay que estar nadando siempre, ni siquiera esforzándose por mantenerse a flote.
A veces está bien dejarse llevar,
aunque eso implique hundirse.
O tocar fondo.

Abajo es donde uno se impulsa para volver a la superficie.

Au/Ra – Concrete jungle

Swimmin’ with the sharks in your own bathtub

Catch my breath

Decían que hay que ir más allá de la superficie, que la belleza está en el interior, que lo esencial es invisible a los ojos; y ahí estaba yo, buceando como un loco, desafiando mi capacidad pulmonar con cada bocanada de aire que no cogía.

Quería encontrarlo por encima de todo, y supongo que eso pesaba más que el riesgo de asfixia.
Quizá no hacía tanto que lo necesitaba, pero parecía una vida. Os ha pasado alguna vez, ¿verdad?, que no sabéis que queréis tanto algo hasta que os ponéis, y parece que lleváis toda la vida soñando con eso, buscándolo.
En eso estaba yo: en buscarlo.

Un poquito más, que aguantas, me dije yo tras el primer espasmo. Que no hay que rendirse, que quien no llora no mama, que para presumir hay que sufrir, que todo eso. Y yo no era un cobarde, ¡eso jamás! Yo era de una casta de valientes, como Simba, que a referente de héroe nadie le hace sombra. No me reía en la cara del peligro por un lado porque siempre hay que mostrar respeto, a todo y a todos, y por el otro porque no se puede uno reír sin aire. Y me faltaba.
Sentía como si se me fueran cerrando los pulmones, que probablemente no sea algo que pueda pasar, pero joder si se siente. Yo siempre lo he sentido todo mucho.

En ese momento, habiendo profundizado más de lo que pensaba posible, aún sin encontrarlo, empecé a sentirlo todo. Lo de los pulmones, pero también el resto. Todo lo que había y no había hecho, el daño que había causado, las cosas que no había dicho, la última vez que no te di un abrazo pensando que no me iba a morir sin darte otro. Y creo que eso era lo de que te pasa la vida por delante de los ojos justo antes de morirte.

Me ahogué.

Lo de que no hay que quedarse en la superficie no siempre es verdad. No fui yo, pero lo encontraron. Lo encontraron a mi lado, junto a mi cadáver.

A veces las cosas flotan.

Kelly Clarkson – Catch my breath

Catching my breath, letting it go…