Fuck and run


Vencimos, y nos sentíamos enormes, joder.
Nos dimos cuenta de que decíamos mucho eso, de que quizá era demasiado joder, pero ¡joder! ¡Habíamos ganado! Uno no gana todos los días.

Por un momento nos sentimos invencibles, como si no hubiera nada que nos pudiera parar, y es que ¿acaso algo podía? Si corres mucho acabas alcanzando una velocidad a la que es posible que resulte imposible detenerte.
Nosotros habíamos corrido. Mucho. Muy rápido.
Quizá habíamos corrido demasiado, supongo, como el joder, y también hay una velocidad a partir de la cual ya no es posible pensar en nada más que en darle a las piernas. Se pierde el foco en el resto al enfocar la carrera, y qué borroso estaba todo, joder.

No es que no quisiéramos verlo, pero estábamos corriendo y no lo vimos. No podíamos.
Que no hace falta que te paren para que se acabe.

Que cada semana tiene un lunes.

Joder.

 

Liz Phair – Fuck and run

It’s fuck and run, fuck and run.

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Tómbola


El problema no es que todo lo que podía ir mal vaya mal: el verdadero problema es que vaya mal todo aquello que no podía ir mal, porque hay cosas que nunca fallan, ¿verdad?; pero no hay nada imposible, ¿verdad?

A veces se alinean los planetas pero a mal, que la vida es una tómbola y nos empeñamos en querer ganar, pero el premio no siempre es bueno.

Hay quien lo llama lunes.

 

Marisol – Tómbola

La vida es una tómbola, tóm, tóm, tómbola…

Outcast


Si hay algo que nos une a los humanos es el hecho de tener miedo, con razón algunas veces aunque la mayoría de ellas sin motivo. El mundo es un lugar aterrador, ¿verdad?, lleno de fantasmas y monstruos horribles. Y si un día te levantas positivo no te preocupes: enseguida aparecerá un buen samaritano que se ofrezca a prestarte alguna de sus fobias.

Tenemos miedo a cosas tan terribles como quedar a horas que no son múltiplo de cinco, los hidratos de carbono, las bombillas que parpadean y los lunes. Acojona, ¿eh?
Nos vemos mañana a las cinco y trece, dijo nadie nunca.

¿Pero sabéis que os digo? Que yo estoy en contra de toda esta discriminación, en contra y harto.
¡Y que me encantan los lunes!

Hoy, por ejemplo, he madrugado más que de costumbre para no coger tráfico en la carretera, porque me gustan los lunes y me levanto pronto para que duren más. ¿Qué diríais que me he encontrado? ¿Caravana? ¡Premio! Accidente múltiple, de seis coches nada menos. Hacía tiempo que no llegaba tan tarde a la oficina.
Una vez allí he abierto el correo y tampoco es que hubiera muchos mensajes, pero había uno en concreto que es de esos que ya sabes que van a explotar antes de verlos, como en Misión: Imposible pero sin el tiempo de cortesía. Y boom.
Como si la explosión no hubiera sido suficiente, de la nada han empezado a salir tantos pollos que para seguir con las comparaciones cinematográficas diré que parecía aquello Evasión en la granja, salvo porque los pollos no huían, sino que corrían a mi alrededor.
Pero adoro los lunes, ¿eh?

Hay algo que a lo mejor no sabéis de mí, y es que cuando salgo a correr, cosa que hago con bastante frecuencia, prefiero las cuestas que los llanos; que a mí me haces correr unos cuantos metros en horizontal y me vengo abajo, pero ya me puedes dar kilómetros de montaña que yo tiro, y tan feliz.
Dicen que en momentos así ayuda visualizar la cima, pero cuando el pico es muy elevado cuesta ver donde termina, y aunque lo consigas suele estar lejos, lo cual no lo convierte en la imagen más reconfortante.
Yo soy de mirar por donde voy. En el ascenso, además, no puedes ir poniendo el pie por ahí a lo loco, pues si tropiezas estás muerto.

Hoy ha sido un poco eso, correr montaña arriba, y esquivar balas; porque ¿qué gracia tiene subir al Everest si no te van disparando por el camino?
En cierto punto de la tarde tenía la sensación de que me llegaban balas por todos los flancos, tantas que apartarme no era ya una opción, así que he empezado a recibirlas con una sonrisa. Me veía verde, en plan Hulk, absorbiéndolo todo y haciéndome cada vez más grande, dejando el traje hecho trizas pero aplastando obstáculos como si no hubiera un mañana.

Y hay un mañana, que de hecho empieza en nada, pero lo malo es que será martes, por lo que faltarán seis días para que vuelva a ser lunes.
¡Ha dicho lunes! Qué miedo, ¿no?
Los lunes siento que no tengo miedo de nada.

Shinedown – Outcast

I’m just feeding my appetite.