Si pongo corazón

Si hago deporte es por el mismo motivo por el que me tomo una copa de vino al día: porque es bueno para el corazón; que se está volviendo frío el mundo, esto solo se calienta queriendo y se quiere mejor con un corazón fuerte; y a aquel que me diga que está esta asociación cogida con pinzas le contestaré que si la Luna mueve las mareas sin que nadie se lo discuta yo puedo darle calor al mundo, que estoy más cerca.

Ese es mi consejo, que hagáis deporte aunque no os guste, que bebáis vino.
Si os tengo que ser sincero yo lo detesto, el vino, pero es por el corazón.

Hagáis lo que hagáis ponedle corazón, que se está volviendo frío el mundo.

 

Rosana – Si pongo corazón

Déjame volar aunque tropiece con el cielo.

Bodegón

Hace un mes me empezó a doler la comisura izquierda del labio.
Os parecerá algo muy del día a día, no digno quizá de una entrada, pero ¿os acordáis de aquella época en la que a la gente le dio por pintar bodegones? ¡Bodegones! Nos quejamos hoy de esos que publican lo que comen en Instagram, pero es que aquello eran un plátano, una manzana y una pera dentro de un bol. Y ya está. Hoy alguien te habla de un plátano, una manzana y una pera que están en un bol e inmediatamente piensas que te está contando un chiste, pero no, aquello iba muy en serio. ¡Bodegones!
Pues a mí hace un mes me empezó a doler la comisura izquierda del labio.

Somos el animal más avanzado, con toda esa evolución detrás y nuestra inteligencia desmedida, pero tenemos pelos que crecen hacia dentro. ¿Alguien me lo explica? ¿No es lo lógico, por definición, crecer hacia fuera?

Como bien habréis deducido, amigos detectives, el dolor de la comisura izquierda del labio era un jodido pelo: un pelo de la barba irascible y asocial que decidió que Expediente X era mentira, que la verdad no estaba ahí fuera y que salir pa’ qué si aquí se está calentito; convirtiéndose sin saberlo en un expediente equis en sí mismo. ¿Alguien ha dicho paradoja? Sí: yo.

A veces creo que toda la inteligencia esa que dicen que tenemos es un bulo, que ni lo es el cuerpo ni lo somos nosotros, o que a lo sumo tenemos una inteligencia bipolar.
Somos capaces de crear palabras como comisura y bodegón, de fingir que llegamos a la Luna; pero al mismo tiempo tenemos pelos que crecen hacia dentro y nos volvemos locos pintando fruta.

Vaya cuadro.

 

Danza Invisible – Bodegón

No frenes tu risa. Bebe más deprisa.

Skylights

Al principio, cuando aún no existían estrellas ni lunas, cada vez que caía la noche se tornaba el cielo de un negro absoluto. La diferencia entre la fauna de entonces y la actual era abismal, pero si por aquello de abreviar tuviera que quedarme únicamente con una especie elegiría, sin duda, al reno luminoso.
Como su nombre indica era un reno, idéntico a los de ahora salvo por su piel, blanca y brillante. Era como una enorme bombilla en forma de reno; muy navideño todo, a pesar de no haberse inventado aún el concepto. Desconozco qué comía, cables supongo, pero fuera lo que fuera que me pongan dos platos: mataría por ser tan hermoso como lo era el reno luminoso.

Mataría como expresión, ya sabéis, aunque por desgracia en este mundo siempre ha habido gente literal hasta el extremo. ¿Os hacéis una idea de lo codiciada que era la piel de aquel animal?

Mucho antes de que lo hiciera Heidi ya saltaban los renos luminosos alegres por las montañas nevadas. Corrieron felices durante un tiempo, mas varias alfombras brillantes después descubrieron que aquella paz había llegado a su fin.
Se dedicaron a huir desde entonces, a intentar pasar desapercibidos, pero es imposible ocultarte mucho tiempo cuando brillas.

Vivían escondidos, sumidos en un miedo constante: a salir, a correr, a jugar… a vivir. La condena de ver como cada noche había algo menos de luz en su refugio terminó por apagar su sonrisa.

Cayeron uno a uno hasta que solo quedó él, el más joven, aunque con la edad suficiente para ser consciente de la inminente aniquilación de su especie.

Sintiendo próximo el fin, esperó a que la noche tiñera de negro el cielo y salió de su escondite. Corrió como lo había hecho junto a su familia al principio, cuando el mundo era tranquilo, cuando todos eran felices y la palabra libertad aún tenía un significado. Saltó pintando por momentos el manto negro que lo cubría todo, cada vez más alto, cada vez más brillante. Volvía a ser feliz, tanto que no escuchó cómo se amartillaba aquella escopeta.

Había llegado tan arriba que por un instante sintió que era capaz de volar, y en parte tenía razón, pues no llegó a bajar: la bala lo alcanzó en el punto álgido de su mejor salto.
Estalló su cuerpo en infinitos pedazos, diminutos, que salpicaron de inmediato el firmamento adornándolo como si de un lienzo se tratara.
Fue su fin, y fue triste, pero de algún modo fue de esos finales que no acaban nunca.


Las llamamos estrellas porque tripas de reno luminoso suena feo.
Lo de la Luna ya os lo cuento otro día.

 

Say Lou Lou – Skylights

We gotta keep on moving to stay strong.