A hug too long


Lo más cercano a un abrazo que me han dado en los últimos meses me lo ha dado la almohada. Técnicamente se lo he dado yo a ella, pero me gusta imaginar que ella quiere, que me ve ahí y piensa míralo, pero si está hecho polvo, tan solo… que voy de duro y de que me da todo igual y de que yo me he pasado toda la vida esperando que llegara algo de esto, pero joder, ¿os acordáis de lo que es un buen abrazo?

Espero que la almohada no sepa leer porque estoy a punto de confesar que no es lo mismo, pero es que no lo es; aunque supongamos que ella quiere y que si no se lanza es porque no tiene brazos.
Una cosa es abrazar y otra que te abracen.

Nunca he sido de mucho contacto, la verdad, que eso de tener que dar besos y abrazos a todo el mundo siempre me ha llevado de cabeza. Tener que, ¡qué horror! ¿Desde cuando uno tiene que querer?
Ahora intento acordarme del último abrazo que di y nada. Ni siquiera me acuerdo de haber abrazado.

Quizá se me olvida, no sé. Quizá pasa algo más de tiempo y ya no tiene sentido ni el concepto, y al final abrazar no es más que coger fuerte la almohada por la noche mientras tengo pesadillas.

Gabby’s World – A hug too long

And if you ever told me that you were scared I’d appear there

Never ending


Hay finales que no dejan dudas, donde todo está explicado, finales que no dejan sitio para que la imaginación corra; y hay finales que me gustan. Hay quien se enfada con esos finales, con los segundos, por no dar respuestas o no darlas todas. Hay incluso quien va más allá y arremete contra el autor, tachándolo de perezoso. Dudo mucho que sea pereza, al menos en la mayoría de ocasiones, pero por si acaso yo voy a hablar de lo mío.

Yo escribo, mejor o peor pero escribo, y siempre tengo claro hacia dónde voy. Me puede fallar alguna vez la mitad del camino, el cómo llego a la meta, pero siempre existe esa meta. Muchas veces, de hecho, esa línea es la primera que escribo. No es fruto de la casualidad que esto se llame Empezando por el final.
Lo que sí me pasa a veces es que a medida que se acorta la distancia entre donde estoy y esa última puerta se me abren de golpe cien más, sé que solo puedo cruzar una y ¿por qué tengo que ser yo quien elija? En esas veces tiendo a frenar en seco adelantando el punto y final, no por falta de ideas sino por exceso, por no cerraros cien puertas.

Hay finales que no se escriben para que cada uno escriba el suyo.


Encontré la inspiración para la última entrada (Dare you to move) volviendo a casa en coche, cuando cayó sobre mi parabrisas esa primera gota de lluvia que anuncia que está a punto de saltar el resto.

 

Rihanna – Never ending

Everything is never ending.