My list


No tengo tiempo es la respuesta que solemos dar cuando alguien nos pregunta por qué no hacemos esto o lo otro, y quizá es verdad, o quizá es que priorizamos otras cosas, que tiempo hay, pero hay que elegir a qué dedicárselo.

Esto que nos está pasando ahora es eso: tiempo, que intentando distanciarnos para evitar que se extienda el contagio al ritmo que lo está haciendo estamos ganando tiempo para todo eso para lo que normalmente no tenemos tiempo.

No sé, que a veces lo mismo me paso de positivo, pero yo creo que le podemos buscar el lado bueno a todo esto, y no es que esté menospreciando la situación ni mucho menos, pero si podemos hacer un dos por uno, y lejos del supermercado a poder ser, mejor que mejor.

¿Quién puede decir que no a poner su granito de arena al tiempo que se dedica a todas esas cosas que ha ido dejando de lado por culpa de la rutina? Todos ganamos: ¡no hay excusa!

Empiezo yo con algunas ideas de mi lista. ¿Me ayudas a seguirla?

  • ¡Escribir más! Que últimamente me cuesta.
  • Retomar el contacto (virtual) con ese amigo con el que hace tiempo que no hablamos.
  • Leer más, lo que sea: libros, cómics, blogs, noticias (pero sin obsesionarse con la que ocupa todas las portadas)…
  • Probar cosas nuevas en la cocina.
  • Volver al yoga (desde casa, claro).
  • Cuidar de mis plantas y aprender más sobre ellas.
  • … ¡te toca!

***Edito añadiendo vuestras sugerencias

  • Mejorar con el ukelele.
  • Limpiar los cristales.
  • Cambiar las cortinas.
  • Hacer llamadas de vídeo a la familia.
  • Pasar tiempo de calidad con quien compartimos nuestra casa.
  • Aprender algo nuevo y reinventarse: hay muchas plataformas online que tienen cursos gratuitos (coursera, edx, google activate…).

The Killers – My list

There’s nowhere else I’d rather be

Normal person


Hay gente que se siente normal todo el tiempo. En serio.
Y yo en ese frase no soy capaz de encontrar nada que me encaje.

Nunca he tenido claro qué es ser normal. He tenido ideas, siempre basadas en cualidades que me faltaban o veía en otros (más normales que yo), pero nunca una definición clara. No me atrevo a afirmar que soy algo que ni siquiera sé definir.

No soy capaz de sentir lo mismo durante más de cinco minutos. No sé si será normal, pero mis sentimientos van montados en estrellas fugaces: apenas los has visto y ya no están. El hambre es la excepción, que de ir montada en algo iría en caracoles con un pésimo sentido de la orientación. Siempre está ahí, todo el tiempo, como la normalidad de esa gente que se siente normal todo el tiempo.

Porque hay gente que se siente normal todo el tiempo.
Y yo ni siquiera sé si me considero gente.

 

Arcade Fire – Normal person

Is anything as strange as a normal person?

Feliz Navidad


Lo único que se podía ver en medio de aquella oscuridad era un árbol, o ni siquiera eso: medio árbol y la silueta del otro medio. Era un árbol de Navidad, pero solo estaba decorado por un lado. Había luces, muchas, pero también nada. Era un árbol con dos caras.

Quizá la historia te suene de algo si estabas por aquí en 2015. “Hace solo dos años”, o “ya hace dos años”, tú decides. La postal de entonces hablaba de las dos caras de la Navidad, porque sin dudas las tiene. Igual que los árboles. Y la verdad. Y aquel malo de Batman. Y las personas.

Todos tenemos dos caras, dicen, pero yo me puse a pensar en eso el otro día y no lo veía claro. Cómo lo vas a ver, me dije, si no te miras. Reflexionar va muy bien para verse uno por dentro, pero estábamos hablando de caras y las caras están por fuera de toda la vida, así que cogí mi cámara de fotos, la planté frente a un espejo y empecé a disparar.

Bang, bang, bang, bang, bang.

No murió nadie, que con mi puntería en una película de acción solo me dejarían ser de los malos. Saqué el carrete, lo llevé a revelar, esperé.

A los dos días me acordé de que aún no había hecho la postal de este año, y no solo eso, sino que ni siquiera tenía una idea. Suelo tener ideas, muchas, pero nada. ¿Y si había acabado todo? ¿Y si este año no había postal? Podría pasar, supuse.
Lo puse en Facebook. Hubo un poquito de drama. Definitivamente soy de los malos.

Un par de días más tarde recogí las fotos, abrí el sobre ese naranja y confirmé lo que llevaba una semana temiendo: ¡solo tenía una cara! De verdad, yo sabía que eran fotos diferentes porque recordaba el olor a pólvora tras cada estallido, pero iba pasándolas y no había manera de distinguir una del resto, lo cual me dio una idea.

Me había puesto triste al principio, llegando incluso a sentirme incompleto, menos que los demás. ¿Por qué esa otra gente tenía dos caras y yo no? Luego me había dado cuenta de que no era cierto, de que quizá tener dos caras no era lo más óptimo. A fin de cuentas nadie quiere ser un malo de Batman (ni un árbol).

Desnudé la mitad de un árbol que no quería ser, vestí mi (única) cara con su ropa y volví a hacerme fotos. Muchas. Usé el móvil esta vez.
La cara seguía siendo la misma, pero gracias a las luces cada foto era diferente.
¡Podía demostrarle oficialmente al mundo que solo tenía una cara!
Me pareció buena idea hacer eso en Navidad.


Ha sido un año raro, supongo, pero raro bien. Me he ido, un poco más de lo que ya me había ido antes, pero irse también es llegar, y estoy muy bien donde he llegado. Casa es donde uno está rodeado de gente que solo tiene una cara, y yo tengo la suerte de poder llamar casa a muchos sitios. Si eso no es Navidad yo no sé qué lo es.
Siempre veo vuestra cara, porque entre selfi y selfi miro hacia dentro y ahí estáis.
Y a veces me río y me sale vuestra risa.
Y a veces hablo y soy vosotros.
Feliz Navidad.
Postal_2017