Forget me now


Vi que aquello no iba y decidí que yo que sí podía debía hacerlo,
irme;
que para qué seguir.

Me fui, que uno no puede quedarse siempre,
y me di cuenta en el viaje de vuelta de que joder,
eso era como rendirse,
y que se rinden los cobardes.

¿Quieres ser un cobarde?, me dije,
y no quería,
claro que no,
pero irse también es de valientes, ¿sabes?

A veces lo fácil es quedarse,
no hacer nada,
dejarse llevar.

Se fluye sin esfuerzo,
pero hace falta valor para nadar contracorriente.
Y mucha fuerza.

Si uno no entrena para eso, ¿para qué?

 

Against the Current – Forget me now

Always knew I’d make it out.

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Take on the world


Quiero que te vaya bien, ya sabes, eso que tienes entre manos, tus planes de comer perdices con él; y al mismo tiempo quiero que fracases estrepitosamente, que te estrelles, que caigas tan fuerte que no seas capaz de levantarte sin pedir ayuda.
Soy un ser despreciable, ¿verdad? Pero él también, probablemente más, y ya que no existe la perfección, ¿no es lo más sensato quedarse con lo menos malo? En política lo hacemos así, así que yo que tú lo intentaba, aunque sin presión, que fluya, que no me importa esperar: nací para ser plan be… y nunca ha habido un primer plato memorable.

 

You Me At Six – Take on the world

Just say the word, we’ll take on the world.

Náufrago


Z-PlayaEstaba en la playa. No era una playa cualquiera, sino esa playa. Mi playa. Mi lugar especial.
Estaba en la playa y no importaba nada. Me acariciaba el viento, me arrullaba el mar y estaba tranquilo.
Estaba en la playa y miraba al horizonte, pero lo miraba a mi izquierda.

Igual que el resto de veces que he tenido el mismo sueño, me veía desde fuera, desde detrás de mi espalda. No me resultaba extraño.
El plano se cortaba a mi izquierda justo donde terminaba mi cuerpo. No necesitaba ver más allá pues ya lo estaban viendo mis ojos, los de verdad, esos que no me veían verme porque estaban perdidos en el horizonte.

La imagen era vertical y, a pesar de la calma que me invadía, tras pensarlo nuevamente notaba que algo no andaba bien, que quizá no era necesidad de ver más allá pero todo sería mejor si estuviera más centrado.
El yo que me miraba quería encuadrarme mientras yo seguía mirando impasible el horizonte a mi izquierda.
Yo era los dos yos, la necesidad de control y la de dejar fluir, las dos caras de mi moneda en dos monedas de una cara.

De pronto volvía a ser solo uno sin que se unieran las dos mitades: se quedaba solo el que es feliz con ver bailar a las olas. Bailaban como si fuera la primera vez que escuchaban música, y no había más música que el sonido de sus pasos sobre la pista.

Desconozco cuántos bailes había contemplando ya cuando decidió unirse mi cuerpo.
No puedo afirmarlo porque estaba dormido, pero apostaría a que aquel escalofrío causó su efecto también en la piel que yacía inerte entre las sábanas. Sobre la arena me dejó helado.

No giré la cabeza, no hacía falta. Te sentí antes de que pudiera verte el que me miraba desde la última fila, antes de que entendiera el porqué de aquel encuadre.
Cerré los ojos con fuerza para ver cómo te sentabas en ese espacio a mi derecha ilógico hasta entonces. Me centré en el calor de tu brazo cruzando mi espalda. Sonreí por las cosquillas que me hacía tu pelo desordenado mientras mirabas tu pedazo de horizonte.
Me estremecí de nuevo deseando que mi vida fuera el sueño, mi vía de escape a aquel naufragio.

Desperté ansiando naufragar a tu lado.

 

Sôber – Náufrago

Y juntos emprenderemos una ruta sin destino.