Duro y suave

dúctil
Del lat. ductĭlis.
1. adj. Dicho de un metal: Que admite grandes deformaciones mecánicas en frío sin llegar a romperse.
2. adj. Dicho de un metal: Que mecánicamente se puede extender en alambres o hilos.

maleable
Del lat. malleus ‘martillo’ y -ble.
1. adj. Dicho de un metal: Que puede batirse y extenderse en planchas o láminas.

Tengo estos dos términos en la cabeza pero no era capaz de definirlos ahora sin la ayuda del diccionario. Lo curioso es que sí recuerdo perfectamente el día de antes de aquel examen sobre los metales, y dudo que sea capaz de olvidarlo algún día.
Supongo que es verdad que en el colegio se aprende, y mucho, pero las lecciones rara vez están en los libros.

Recuerdo cómo me sentí aquella tarde, cuando el sol caía y yo me di cuenta de que iba a fallar, ¿por primera vez? ¡Desde luego que no! Pero a lo mejor por primera vez en ese aspecto desde hacía mucho tiempo.
Tenía mucha facilidad para entender y recordar cosas, mucha, y es muy fácil cuando algo no te cuesta darlo por supuesto, confiarte. ¿Qué era un examen de diez páginas para mí? Nada que no pudiera estudiarme el día de antes.

Hasta que llegaron los metales.

Aprendí eso que nos han dicho siempre: que no puedes dejarlo todo para el último momento. El problema es que también aprendí algo mucho más peligroso: que aún en el tiempo de descuento es posible salvar la papeleta, y ¿sabes esa sensación de ganar cuando parece que está ya todo perdido?

Leslie Grace, Noriel – Duro y suave

Como si el mundo se fuera a acabar.

Vas a quedarte

La próxima vez lo haré mejor, lo prometo.
Cambiaré todo lo que hago mal, y no solo eso: cambiaré también esas cosas que no te gustan, aunque no les pase nada, que me he dado cuenta de que no se trata de lo que está bien sino de adaptarse. Voy a ser como esas cosas que pones en los enchufes cuando te vas de viaje a otro país donde todo es diferente, porque al final la corriente es siempre la misma pero cambian los agujeros.
Un poco como nosotros.

La próxima vez lo haré mejor porque he aprendido.
De cada error se aprende, y te juro que a veces pienso que para qué hay que aprender tanto. ¿No basta ya? Uno piensa cuando acaba el colegio que ya está, pero no. Y luego a veces el instituto. Y la universidad. Y siempre que crees que acaba hay otra cosa.
Y al final, cuando parece que ya de verdad no hay más, está la vida.

Supongo que me sigo equivocando porque aún no estoy listo, que me sigue faltando un hervor o yo qué sé.
Creo que ya no me gusta aprender, que no lo disfruto como al principio de todo esto, pero entiendo que hace falta.
Y un poco también lo siento.

Nadie se merece ser con quien otro se equivoca, pero al mismo tiempo alguien tiene que serlo para que todo esto funcione. Ahí entras tú.
La parte buena es que cada vez me quedan menos errores de los que aprender, que voy empezando a entender cómo va todo esto, ¿sabes?

La próxima vez lo haré mejor.

Aitana – Vas a quedarte

Porque te juro que esta vez voy a cuidarte.

Can’t smile without you

No sonrío en las fotos porque hoy en día las fotos las puede ver cualquiera y una sonrisa no debería ser para cualquiera; no una mía al menos.
Una sonrisa es algo personal, poderoso, íntimo. ¡Una sonrisa es magia, joder! Y la magia se acaba: lo dice todo el mundo.
Está también el tema de la oferta y la demanda, que me acuerdo yo de cuando estudié eso. Podría estar sonriendo todo el día, pero si lleno todo esto de sonrisas pasan a no valer nada. ¿Quién quiere algo que no vale nada?

Parece ahora que no sonrío en las fotos por economía o por egoísmo, y no sé cuál de las dos es peor, pero ninguna es cierta. No es oro todo lo que reluce: solo lo parece, y aun así es plátano.

No sonrío en las fotos por ti. Ya está. Ya lo he dicho.
Me da igual la demanda: soy yo quien controla la oferta y no pienso emitir más moneda.
No tengo ni idea de economía, pero si de mí depende que se vuelva el mundo pobre.
Menos tú.

 

The Carpenters – Can’t smile without you

I just can’t smile without you.