Don’t panic


Quizá este es el momento exacto. Ya sabes, hay que mantener la calma pero no se puede mantener siempre: hay que mantener la calma hasta cierto punto. Una vez se pasa la frontera mantener la calma no sirve de nada.
No sé cuál es exactamente esa frontera, pero creo que la he dejado atrás, que me encuentro en esa zona en la que todo son gritos y dramas.
Y estoy muy tranquilo.
Y muy callado.

Quizá este es el momento exacto. Quizá debería dejar ahora que me invadieran el agobio y el estrés, pero qué pereza. No sé si es que estoy demasiado cansado para entrar en pánico o es que tengo miedo. Quizá tengo tanto miedo que le he dado la vuelta a esto y estoy de nuevo en la zona tranquila. O quizá es solo que estoy tranquilo. Aunque sea el momento exacto.

Quizá es que sé que todo va a salir bien.

 

Coldplay – Don’t panic

We live in a beautiful world.

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Burnt toast


El plan está claro: levantarse a las ocho, salir de casa a las ocho y media, llegar allí antes de las diez. Cuando te entrega dos rebanadas de pan negras te das cuenta de que la tostadora no estaba escuchando cuando lo explicaste.
Preparar otras dos tostadas no lleva demasiado tiempo, pero ya no sales a y media. No pasa nada, hay margen… hasta que el calentador se apaga y decide que no se quiere volver a encender. Otro al que no le importa el plan.

Sales casi a las nueve, nervioso. Corro un poco más y listo. Te dispones a fijar la dirección de destino en el GPS del… ¿dónde está el móvil? Ah sí, en el sofá.
Vuelves a casa, que hoy en día dónde vas sin móvil, y ya no son nervios sino estrés.
Es un día para pasarlo bien, cierto, pero es que nada está saliendo según lo previsto y vas tarde.
Así no se puede.

A escasos kilómetros de la meta ves en el arcén un coche de policía, otro unos metros después, un tercero algo más allá. Lo siguiente son coches parados, muchos; cuatro filas, para ser exactos, cuyos finales no alcanzas a ver. Lo que faltaba.
Veinte minutos después llegas a la altura de los manifestantes que cortan la carretera. Gracias, amigos.
Definitivamente no es tu día.

Lo que tenían que ser las diez son las once y pico.
Quieres disfrutar, de verdad, pero te cuesta mucho: no soportas que se tuerzan los planes.
En esas oyes tu nombre, a medio camino entre la llamada y la pregunta, con una mezcla de sorpresa e ilusión. ¿Zeta? Y alegría.
Giras la cabeza y la ves, a ella cuya mirada no encuentras desde hace al menos cinco años, con la sonrisa de siempre: su sonrisa. Se trata de una de esas personas que uno siempre quiere tener cerca, de esas que le buscan constantemente el más a la vida, que iluminan los lugares que pisan con la curvatura de sus labios.
No tenía que estar ahí, no era el plan. Sin embargo tampoco era el tuyo.

No sabes si llamarlo destino, coincidencia o no llamarlo, pero no puedes evitar sentirte estúpido al recordar cómo has reaccionado ante cada giro del plan. Tanta obsesión con el plan…

No creo que nuestro camino esté trazado, pero si hay algo que tengo claro es que las tostadas no siempre se queman porque sí.

Will Poston – Burnt toast

Looking just the same.