Déjala que vuelva


Intenté retenerla, y ese fue el problema.
Es imposible retener a alguien, sobre todo a alguien como ella.

No sé cuánto tiempo estuvo a mi lado.
Supongo que cuando eres feliz el tiempo es lo de menos, y éramos felices… yo era feliz… ¿lo era ella? Con ser feliz pasa algo parecido, que uno lo es y se olvida del resto, no a malas, pero quizá cuando somos felices con alguien pensamos que ese alguien también lo es con nosotros, y nos da igual.

Ella no era feliz.

Si hubiera sido feliz jamás se habría ido, ¿no? Aunque tampoco es cierto.
¡Joder! ¡Menuda sarta de mentiras!
A veces uno se va aunque sea feliz, o se va precisamente porque es feliz, como si no se lo mereciera, ¿sabes?, como si ser feliz fuera demasiado.
A veces ser feliz sobrecoge, y quién quiere vivir sobrecogido.

Yo no lo vi, pero ella se dio cuenta de que éramos incapaces de ser felices a la vez.
Por eso se fue.

Ella daba y yo cogía. Siempre. Todo el rato.
Fui un egoísta.
A veces uno se va para aprender, para que el otro aprenda, no a malas, pero las lecciones difíciles también tiene que enseñarlas alguien.

Lo bueno de todo esto es que he aprendido, que ahora sé ser feliz sin ella.
Supongo que eso quiere decir que estoy listo para que vuelva.

Mi musa está en un autobús hacia alguna parte.

 

Piso 21 feat. Manuel Turizo – Déjala que vuelva

Ella conoce solita el camino conmigo.

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Can’t smile without you


No sonrío en las fotos porque hoy en día las fotos las puede ver cualquiera y una sonrisa no debería ser para cualquiera; no una mía al menos.
Una sonrisa es algo personal, poderoso, íntimo. ¡Una sonrisa es magia, joder! Y la magia se acaba: lo dice todo el mundo.
Está también el tema de la oferta y la demanda, que me acuerdo yo de cuando estudié eso. Podría estar sonriendo todo el día, pero si lleno todo esto de sonrisas pasan a no valer nada. ¿Quién quiere algo que no vale nada?

Parece ahora que no sonrío en las fotos por economía o por egoísmo, y no sé cuál de las dos es peor, pero ninguna es cierta. No es oro todo lo que reluce: solo lo parece, y aun así es plátano.

No sonrío en las fotos por ti. Ya está. Ya lo he dicho.
Me da igual la demanda: soy yo quien controla la oferta y no pienso emitir más moneda.
No tengo ni idea de economía, pero si de mí depende que se vuelva el mundo pobre.
Menos tú.

 

The Carpenters – Can’t smile without you

I just can’t smile without you.

Learning how to die


Disfruto de la partida mucho más cuando sé que ya la he perdido, porque qué más da, ¿verdad?
Esas tres palabras lo cambian todo.

QUÉ. MÁS. DA.

Dejo de preocuparme por la victoria, de intentar ganar. No se puede.
Podría simplemente levantarme e irme, pero ¿quién iba a querer estar con semejante egoísta? Yo desde luego que no, y como estoy obligado a estar conmigo una vez más no tengo opción. Me quedo sentado en la mesa, y ya que estoy ahí, ¿por qué no aprovechar?

Cuando no puedes ganar es cuando más aprendes, porque ese qué más da es dinamita para las zonas de confort. No probar cosas nuevas sería una locura.
A veces funcionan, muchas otras no, pero qué más da: aprendes.
Aprendes de cada una de esas veces, sean sí o no, de las locuras que solo alguien que no tiene nada que perder es capaz de hacer; y te das cuenta de que algunas locuras en verdad no son tan locas.

Saber no ganar es todo un arte que no cualquiera es capaz de dominar: es muy difícil saber no ganar bien.

Desde que empezó nuestra partida tú y yo no teníamos nada que hacer, pero aprendimos…

 

Jon Foreman – Learning how to die

I’m gonna miss you when you’re gone.