We might fall


Quiero pensar que estar otra vez en el punto de partida no significa haber vuelto atrás, que esto no es un círculo cualquiera sino el puto Monopoly. Quiero pensar que en una de estas vueltas será solo el Monopoly, sin el puto, pero no esta vez.
Quiero pensar que lo bueno de vivir en círculos es que cada cierto tiempo volvemos a algo conocido, a nuestra casilla de salida.
Y cobramos de nuevo.
Y sabemos algo más.
Y hemos crecido.

Quiero pensar, y eso ya debería ser suficiente, que hay quien no quiere, y joder, ¿no se trata de intentarlo? Lo intento, lo juro, en serio.
Y nada.

Ni cobro. Ni sé más. Ni crezco.

Quiero pensar, pero es que a veces no puedo. Escribo esto con 33 pero podría haberlo hecho con 26 o con 14 o incluso antes. Quiero pensar, pero joder, ¿y si no? Que a lo mejor dejé de hacerlo con 26 o con 14 o incluso antes, que si no pienso nada nuevo quizá no estoy pensando; solo recuerdo.
Y no existo.

Descartes.

Quiero pensar que no soy eso, la carta que sobra de tu mano, el tres de corazones que no te encaja en ningún sitio. Quiero encajar, joder. Quiero gritar y no puedo, que antes joder siempre iba entre exclamaciones.
Y ahora nada.

Quiero pensar que cogeré una carta de Suerte que no será de hacer reparaciones, que me ayudará a ser capaz de sorprenderte y yo qué sé, que me prestes tus signos de admiración.

Quiero pensar que aunque sea para soñar aún valgo.

Quiero pensar que una de estas vueltas la damos de la mano.

 

Ghastly ft. Matthew Koma – We might fall

Could you come a little closer but still keep your distance?

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Contigo


Quédate con esa persona a la que veas siempre como la primera vez cada vez que la mires.
Quédate con esa persona que te haga sentir lo que siento yo cuando te miro.
Quédate contigo.
¿?

Eso es lo que me pasa, que echo a hablar sin rumbo cual adolescente embobado con la pantalla de su teléfono, salvo por lo del teléfono y lo de la edad, pero tú eres mi móvil. Por no querer perderme ningún mensaje soy incapaz de desviarte la atención, y no sé adónde voy, y bla bla bla, a lo loco, pero mientras te dure la batería para mí no existe el mundo.
El caso es que las pilas no se te acaban, y yo hace tiempo que no sé dónde vivo porque estoy siempre en tus ojos.

Quédate con esa persona a la que veas siempre como la primera vez cada vez que la mires.
No puedo saber si serás tú, pues desde que te vi no he mirado otra cosa: no hay manera de salir de esta primera vez.
Pero me quedo contigo.

 

Antonio José – Contigo

Ahora ya me ves rendido, hablándote al oído.

My body


La obsolescencia programada me está matando. Literalmente.

Hubo un tiempo en el que yo era joven, un tiempo en el que otros que eran mayores que yo me decían aquello de que algún día todo el cuerpo empezaría a fallarme, que estaría perfecto y de pronto dejaría de estarlo, no de golpe sino poco a poco.
Poco a poco aunque sin freno.
Me contaban que un día me notaría la vista cansada, que me dolería una rodilla, luego una muñeca, más tarde la espalda… y así una a una irían sumándose dolencias a mi lista, nunca reemplazándose sino añadiéndose, porque hacerse mayor era eso: ir decayendo lentamente.

Yo miraba a todos esos, que no eran pocos, y les decía que sí mientras por dentro pensaba que yo no tenía la culpa de que a ellos les hubiera ido mal, convencido de que no tenía por qué seguir su camino. A mí no me pasará eso, pensaba, y me alejaba sonriendo victorioso.

Hubo quien me dijo que todo empezaba a ir cuesta abajo a los veinticinco, pero yo en los veintipico largos me hallaba pletórico. Sin haber sido nunca un portento en eso del deporte ostentaba a mis veintisiete la mejor forma física que había tenido jamás, y aún fue a mejor a los veintiocho, y a los veintinueve.
¡Chupaos esa, viejos agoreros!
Sin embargo, había también quien defendía que el cambio de pendiente llegaba en verdad a los treinta…

Un frío día de enero entré en la década del tres, mi número; ¿cómo iba a ir algo mal?
Yo había nacido para desafiar presagios y profecías, para decirle al mundo que el camino establecido es para las ovejas, y yo no balo. Mis treinta fueron aún mejores físicamente que todos mis veintes juntos.
¡Ja!, le dije otra vez al destino. Con que cuesta abajo, ¿no?

Treinta y uno. No fue el treinta sino el treinta y uno.
Me duele la muñeca izquierda. Me duele el tobillo derecho. Me duelen las dos rodillas.
Treinta y uno, y ya no me río.

Parece que todos aquellos que me advertían andaban en lo cierto. Andaban, porque ya habían pasado esa frontera tras la cual uno no puede correr, porque correr ahora duele y se ve que si uno decide ignorarlo el resultado es peor.
Pero duele tanto no correr…

 

Young the Giant – My body

My body tells me no, but I won’t quit cause I want more.