Watch me read you


Soy incapaz de leerte, aunque no eres un libro, así que ¿de quién es la culpa?
Es una pregunta retórica: es mía; pero cómo iba a saber que no es posible si he aprendido a tocarte sin que seas un instrumento, si te pinto las mejillas y no eres un cuadro, si aunque no tengas pinta de móvil te hago vibrar.

Es confuso. Todo. Mucho.
Te he ido asimilando a conceptos y ha funcionado hasta ahora.
Y eras cada objeto.
Y eras cada forma de arte.

Me he convencido de que era posible que lo fueras todo y he querido que fueras poesía. A fin de cuentas poesía eres tú, ¿no? Y no, o no lo sé.

Soy incapaz de leerte.

 

Odette – Watch me read you

When will I learn?

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HOLD ME TIGHT OR DON’T


Te dije que me abrazaras fuerte o no lo hicieras, que si la música se inspira en la vida no sé por qué no se iba a inspirar mi vida en una canción.
Y decidiste no abrazarme.

Es eso lo que pasa, ¿no? Dar opciones es precisamente eso.
– Mamá, ¿puedo ir?
– No.
Nos enfadábamos, sí, pero ¿de quién era la culpa?

A lo mejor vivimos toda nuestra adolescencia mal. A lo mejor habría bastado con cambiar esa pregunta por un Mamá, voy a ir. No lo sé; nunca lo sabré.
Ahora mamá dice siempre vale, le guste o no. Hacerse mayor es también eso.

Y decidiste no abrazarme.

Había dos opciones: una en la que ganábamos los dos y otra en la que solo ganaba yo.
Tú podías ganar o perder, y decidiste perder.
Todo esto me lo enseñó Kelly Clarkson.

Uno pesca hasta que tiene suficientes peces para comer y entonces para.
No pensamos en lo buenos que estarán los otros peces cuando ya tenemos la barriga llena.

Tú podías haber detenido esta pesca indiscriminada.

Y decidiste no abrazarme.

 

Fall Out Boy – HOLD ME TIGHT OR DON’T

And when your stitch comes loose I wanna sleep on every piece of fuzz and stuffing that comes out of you.

Vuelve


Te fuiste, otra vez, y me di cuenta de que había perdido la cuenta, de que lo habías hecho tantas veces que ya se había convertido en rutina. Nos acostumbramos a las cosas que se repiten, sí, pero eso no hace que todas las costumbres sean buenas.

Desaparecías sin decir nada, intentaba buscarte sin suerte y esperaba. Esperaba días, semanas, alguna vez hasta meses. Al final siempre volvías.
Volvías y eso era bueno. Estabas ahí, las cosas se parecían un poco a como eran antes y era como si jamás te hubieras ido… pero te habías ido.
Te habías ido y no me habías dicho nada, ninguna explicación de por qué, y mientras esperaba no podía evitar intentar encontrar esos motivos que era imposible que adivinara. Acababa siempre echándome la culpa, diciéndome que había sido aquello que había dicho o lo otro que había hecho.
Luego volvías. Y hasta te daba las gracias.

No todas las costumbres son buenas.

Al final solo te fuiste una vez.
Nunca llegaste a volver de verdad.

 

Andrés Suárez – Vuelve

Puedes quedarte con la playa y los abrazos.