Solo importa hoy

Almohada viscoelástica: 10 euros. Solo hoy.
Veo el cartel que cuelga de uno de los cristales de la tienda de la esquina cuando vuelvo de correr. Lo veo hoy, pero también lo vi ayer, y el día anterior, y hace una semana. Lo vi por primera vez hará un mes, y recuerdo que pensé que necesitaba una almohada nueva, que pasaría más tarde a por una. Recuerdo también que se me olvidó, que me volvió a la cabeza más tarde en casa, cuando ya estaba cerrado, y pensé que se me había escapado el tren. Solo hoy, rezaba el cartel.
Veo el cartel cuando vuelvo de correr y pienso ¡já! Yo soy de pensar así, en monosílabos.
Solo hoy, ya. Supongo que no soy el único que ve claro lo que está pasando, ¿verdad? Estamos viviendo el mismo día en bucle.

No necesito pensarlo demasiado para darme cuenta de que tiene todo el sentido del mundo.
Últimamente las cosas no avanzan. Me muevo, sí, pero ¿hacia algún sitio? Tengo la sensación de que estoy metido en una rueda de hámster, llevándole la contraria a una cinta de correr, subiendo escaleras que bajan. Me canso, y cansarse debería ser bueno, porque uno se cansa porque ha trabajado, pero al día siguiente todo es igual.
¿Y si me estoy cansando para nada?

Vendrá ahora alguien y me dirá que no, que estoy siendo negativo, que uno no puede vivir el mismo día una y otra vez si no es Bill Murray, y que yo no soy Bill Murray. ¡Como si necesitara que me dijeran que no soy Bill Murray! No obstante, las señales están ahí, las que he dicho y el resto: el verano que no acaba, los coches que siguen aparcados en el lado de la acera que no toca desafiando a la señal que grita que está prohibido… las almohadas a diez euros solo hoy

Nadie escribiría Solo hoy en un cartel que fuera a durar un mes; nadie. No tiene sentido.
Siento que tengo que hacer algo, que solo yo que he descubierto este engaño puedo detenerlo, y sé cómo hacerlo: voy a comprar una de esas almohadas.
Mañana.

 

ToteKing ft. Duddi Wallace, Elphomega – Solo importa hoy

Sólo importa hoy, le digo al bárbaro estrés.

Once when I was little

No recuerdo nada de cuando tenía un año. Ni de cuando tenía dos. Ni tres. Absolutamente nada.
Dicen que es normal, que es imposible acceder a según qué bloques de información.
Yo creo que es todo mentira.

A lo mejor no recuerdo nada de mis primeros años de vida porque sencillamente no existieron. Decidme si no qué sentido tiene poder recordar a partir de cierto punto y no de unas horas antes. ¿En base a qué se marca ese instante desde el cual la información pasa a ser conocida? ¿Por qué un minuto atrás no y luego sí?
Hay quien dirá que mi teoría tiene fallos graves, como la existencia de fotos mías de la época oscura… como si aquí no supiéramos todos lo que es el Photoshop.

Cabe la posibilidad de que no todos vengamos del mismo sitio: puede que no a todos nos trajera la cigüeña de París.
Quizá a a mí me ensamblaron en Taiwan y me enviaron a la isla dentro de una caja con el kit del engaño completo: imágenes trucadas de mis primeros años y pegatinas de mi yo diminuto para que mis padres pudieran colarme en las fotos de familia como si hubiera participado en todas esas escenas. O a lo mejor en mi caja unos suecos metieron ordenadas todas mis piezas, un manual de instrucciones y una pieza de sobra para despistar. O puede incluso que saliera de un huevo de cáscara negra con vetas rojas que brillaba en la oscuridad.

No digo que esto tenga sentido, pero no me acuerdo, así que podría haber pasado cualquier cosa.
A veces la gente miente, hasta la que pensamos que jamás lo haría.
Y como decía una amiga sin que le faltara razón: si no me acuerdo no es real.

James Morrison – Once when I was little

There was a time when I trusted everyone.