Just go (Never look back)


Te acompaño hasta el coche y ahí nos despedimos: ha estado bienun placerya hablaremos… lo típico. Sabes perfectamente que en ese momento las palabras no significan nada, que el veredicto final llegará cuando me vaya. Entrarás en el coche despacio sin dejar de mirar cómo me alejo y no arrancarás hasta que me veas girarme o desaparecer sin hacerlo, lo que llegue antes, pues esa es la única respuesta que necesitas.

Empiezo a andar.

Hay algo que no te he contado de mí, y quizá ahora que ya me estoy apartando es tarde, pero yo nunca me giro; no me gusta alargar las despedidas.
Yo soy de los que se van cuando dicen adiós, de los que cuelgan tras el primer cuelga tú.

Me ven tus ojos cada vez más pequeño, mi cuello inmóvil. Ahí tienes tu respuesta… y no hay quien te borre la sonrisa: es la primera vez que alguien se aleja de ti caminando de espaldas.

 

Papa Roach – Just go (Never look back)

Taking my heart won’t be that easy.

Risk


Es posible que esto resulte deprimente hasta el extremo, pero estoy sentado detrás del volante de un coche parado en el aparcamiento de un centro comercial, escuchando música de ascensores mientras contemplo cómo infinidad de parejas desfilan ante mis ojos, felices, enamorados, llenos de primavera. Sería sorprendente que pintado en este cuadro fuera capaz de escribir algo animado. Sin embargo no es eso lo triste, no el cuadro en sí; ni siquiera lo es el hecho de que te esté esperando. Lo que es en verdad deprimente es que no vas a venir.

Hay algo que nunca he tenido claro, una pregunta de esas para las que uno no encuentra respuesta. Me pregunto a menudo si quien compone música de ascensores lo hace sabiendo que también la ponen en aparcamientos; aunque hay algo que me pregunto aún más, y es quién coño compone música de ascensores. ¿Es eso un trabajo?
Si lo es, seas quien seas, lo estás haciendo mal.
La música de ascensores es todo el rato lo mismo: no se sabe cuándo acaba una canción y cuándo empieza la siguiente. Supongo que quizá es que no hay cortes, que es todo un único tema. Una canción para gobernarlos a todos.
La eternidad es el hilo musical de un ascensor.

Algunas de esas parejas que pasan frente a mi parabrisas me miran. Percibo cierta incomodidad en sus ojos, que de inmediato miran con urgencia hacia otra parte, pero vuelven, y vuelven como con pena. Pobrecito, está solo, y no va a venir.
Está claro que ellos no saben que no vas a venir, pero es lo que tiene la música de ascensores, que se le mete a uno en la cabeza y lo vuelve tarumba.
Y joder, además tienen razón: no vas a venir.

Desde que te fuiste hago esto a veces, venir a sitios en los que vivimos algo, sitios en los que estuvimos juntos y a los que en algún momento, drogados de primavera como todos esos que me miran compasivos, decidimos empezar a llamar nuestros.
Es nuestro sitio es la estupidez más grande que ha podido decir alguien jamás.
Los sitios son de todos, pero sobre todo esos, los especiales; los especiales son más de todos aún. Te das cuenta cuando vas a uno que ha dejado de ser vuestro, que vienen a ser todos porque ya no hay un vosotros.

El amor es muy bonito, y con esto de los lugares es como jugar al Risk. Si ese cine es vuestro cine vosotros tenéis ahí vuestras tropas de hacer especial, que son soldados de vuestro color igualitos a los normales pero que solo disparan besos. Y ese territorio es vuestro.

Todas nuestras tropas de hacer especial se fueron contigo. Todas.
No sé, algo me olía, pero quizá esperaba que alguna se fuera a quedar a mi lado, el típico soldado que no se entera al menos. Guardo la caja del Risk por guardar, porque para tener solo el tablero lo podría tener suelto que no ocupa tanto, aunque mira, así la casa está menos vacía.

Cuando pierdes un territorio especial y vuelves a él te das cuenta de que ni por asomo estaban vuestros muñequitos solos, que aquello es de tanta gente que no puede considerarse de nadie. Multitud de soldados de hacer especial de más colores que sabores de helado existen se amontonan unos sobre otros en una estampa que no tiene nada que envidiarle al vómito de un unicornio. Al verlo así uno se alegra de que sus soldados estén en otra parte, aunque sea hacinados en tu caja.

Desde que te fuiste hago esto a veces, venir a sitios donde una vez solo estuvimos nosotros y ahora no dejan de vomitar los unicornios. Me siento y te espero aunque no vayas a venir, pues es la espera la que pone en marcha la maquinaria.

 

Tontxu – Risk

Qué aburrida esta tarde tan gris, no apetece salir, llueve ahí fuera.

I’m not your hero


Esta va para todos esos que no derriten enemigos con su mirada pero saben cuándo hay que quitar el arroz del fuego; esos que entienden la harina que admite un bizcocho. Va para aquellos que son capaces de poner una lavadora sin necesidad de dosificador alguno para el detergente o el suavizante.

Esta entrada va dedicada a los que miran al Sol y saben la hora, a esos que ven un cielo nublado y te dicen si va a llover o no, a aquellos que yendo a cien kilómetros por hora te piden que pares porque han visto un espárrago.
Va para los que saben si el coche cabe o no, para los que siempre aparcan a la primera, para esos que han dividido la cuenta antes de que hayas podido desbloquear el teléfono.

Esta entrada es para aquellos que no lanzan rayos ni congelan el tiempo pero aun así consiguen lo extraordinario en lo ordinario.
Para los héroes anónimos.
Para ti.

 

Tegan and Sara – I’m not your hero

I’m not your hero but that doesn’t mean we’re not one and the same.