Bad


No me considero mala persona, pero a ver, buena buena tampoco.
Ochenta – veinte quizá.

Ochenta – veinte está bien. Muy bien.
Ochenta – veinte es ser bastante buena persona, casi todo el tiempo; algún desliz de vez en cuando.
A nadie le gusta un cien – cero. Es tan perfecto que da hasta rabia. Eso es un cien – cero.
No, gracias.

El problema quizá es que nunca hablo del ochenta.
No me gusta ponerme medallas, y no porque tenga un cuello muy sensible y me moleste el roce, aunque haga el cariño, que también, pero es que ¿no va eso en contra de todo esto? Eso es lo de las medallas. Esto es lo de ser buena persona.
No hay premio, no debería haber premio, nunca habrá premio.
Ser buena persona es el trabajo más desagradecido del mundo.
Lo siento.

El problema quizá es que sí hablo del veinte, ¡vaya que si hablo! Es lo único de lo que hablo, de hecho. Reconozco mis fallos, mis errores, todo eso que hago mal… y lo que no hago. Digo lo que pienso, siempre, aunque sea malo. Sobre todo lo malo.
Seguro que hay gente peor, pero se callan. Yo no sé.

A veces parezco un cero – cien.

 

Michael Jackson – Bad

You know I’m bad, I’m bad, you know it.

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It’s over now


Tengo un problema con las cosas que se acaban, supongo que porque soy de coger cariño pronto, porque si algo es bueno a mí me llega muy dentro, y sacar algo que está muy dentro duele.

Esta mañana se me ha acabado el desodorante en el vestuario del gimnasio y me he puesto a llorar.
Me he sentado en el banco abatido, con la mirada perdida, en calzoncillos y chanclas y sin ganas de seguir adelante; o quizá sí tenía ganas, pero cómo.

Tengo un problema con las cosas que se acaban.

No tengo muy claro cómo he llegado a casa, pues cuando uno pierde el rumbo en la vida todo se vuelve un borrón, pero he llegado. He llegado y no sé si quizá habría sido mejor haber ido a otra parte: justo cuando entraba por la puerta acababa el ciclo de la lavadora.
Ahí ya ni banco ni nada: me he tirado al suelo derrotado, preso de la angustia y la desolación. Y un poco del pánico.
¿Por qué?, le he preguntado al techo en un gesto dramático.

La lavadora se acaba y lo hace a lo grande: el centrifugado es como un castillo de fuegos artificiales que te deja embobado, y después de la última vuelta te quedas esperando con la mirada de ilusión de un niño por si estalla alguna luz más, pero no: se ha acabado.
Como el papel higiénico.
Como los cereales.
Como mi vida.

Tengo un problema con las cosas que se acaban.

 

Neve – It’s over now

It’s right here in our hands.

I miss the misery


A veces te echo de menos, no a ti como persona sino como concepto, a ti conmigo, a nosotros. A veces me ataca la nostalgia y pasa. Yo qué sé, soy humano.
A veces echo de menos lo fácil que era todo a tu lado.

A veces echo de menos, por ejemplo, lo fácil que era darme cuenta de que ninguna de mis ideas era suficientemente buena, que sí, pero, que mejor aquello otro, que ¡menuda estupidez! incluso.

A veces echo de menos lo fácil que resultaba hacer planes para no ir, porque bastante tiempo pasábamos ya juntos y total luego eso es un coñazo, esas tardes en casa tirados en el sofá queriendo estar en otra parte, tus miradas de desaprobación cuando decidía montarme el plan por mi cuenta.

A veces echo de menos lo fácil que era para ti dar muestras de cariño.
Nunca olvidaré aquella vez.

A veces te echo de menos, y no: yo tampoco lo entiendo. No sé, soy humano.
Lo bueno es que se me pasa pronto.

 

Halestorm – I miss the misery

I miss the bad things, the way you hate me, I miss the screaming, the way that you blame me.