Your love is a song


Soy los latidos de José González,
la cinta que te grabé con mis canciones favoritas de Jack’s Mannequin,
la voz de Damien Rice clavando mis ojos en ti que nunca estabas.

Soy nuestro choque con Howie Day,
correr a cámara lenta a tu lado deseando que Snow Patrol no dejara de tocar,
el escondite de Serena Ryder donde no importaba que me fallaran las rodillas.

Soy la canción de James Vincent McMorrow que sonaba cada vez que se me paraba el corazón al verte,
la de Tracy Chapman con la que te pedí que me dejaras abrazarte,
la de A Fine Frenzy que escuchaba en bucle incapaz de creer que me hubieras elegido a mí.

Soy el beso que te robé en el cajero con Sixpence None the Richer,
tu accidente de Muse,
las ganas de Zahara,
el aliento de Creed,
las alas de Birdy.

Soy las tres palabras de The Avett Brothers.

Soy la cuenta atrás con la que K’s Choice anunciaba que aquello se acababa,
el huracán de Thrice que lo destrozó todo,
los días raros que siguieron con Vetusta Morla.

Soy el final de Ben Howard,
el aire frío que entraba por la puerta que dejó abierta Amos Lee;
echarte de menos con Mecano.

Soy beber con James Blake para olvidarte,
y con Joni Mitchell,
y con Twin Atlantic.

Soy un Funambulista borracho que lo único que quiere es que vuelvas.

 

Switchfoot – Your love is a song

Your love is a symphony, all around me, running through me

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Back to December


No era veintiocho de diciembre pero ahí estaba yo, inocente. Tenemos que hablar, habías dicho. ¡Tenemos que hablar! No se me ocurre nada más claro que eso, absolutamente nada, pero yo fui a aquella cita pensando: ¿qué tendrá que decirme?
No es que no lo supiera, pero me engañaba, ya sabes, las cosas son tan bonitas o uno las ha maquillado tanto que llegado el momento de la verdad lo más lógico es otra mentira.

Llegué con (mucho) tiempo, por la Navidad, por las luces, por dar antes de verte vueltas bajo cientos de bombillas que coreaban ¡te va a dejar! mientras yo seguía erre que erre.
¿Qué querrá contarme?

La mente humana es como es, que yo a las bombillas las oía pero no las quería escuchar, que con Taylor Swift en mi mp3 ya iba sobrado de mensajes positivos. Taylor Swift, gran presagio en esto del amor.

A punto estaba ya de marearme cuando hiciste acto de presencia.

– Dime – dije.
– Que te diga qué – dijiste.
– ¿No querías hablar? – dije.
– Por eso no me gustan estas cosas… – dijiste.
– ¿Por eso no te gusta qué? – dije.
– Toda esta mierda – dijiste.

La mente humana es como es: mucho maquillaje y lo que tú quieras, pero yo estaba calentito de paseo y fue verte y notar el frío, suficiente para darme cuenta de que aquello no iba a ir bien, y no porque fueras a dejarme, que al final tampoco era el caso ya que ni me habías llegado a coger.
Desconfiad de las bombillas: nunca se enteran bien de las cosas.

 

Taylor Swift – Back to December

You gave me roses and I left them there to die.

Si tú me miras


Soy contrario al amor a primera vista, por superficial, pero tú no has visto bien tus ojos, ¿verdad? Es la primera vez que se cruzan con los míos, y sabe algún dios si habrá una segunda, pero ya nos preocuparemos de eso mañana. De momento estamos aquí, ahora, y no es el momento ni el lugar, pero ¿cuándo lo es?
Soy consciente de que ni siquiera hemos hablado, pero nos miramos. Me has mirado desde el otro extremo de la sala y te he aguantado la mirada. Puede parecer una tontería, pero para mí eso ya es mucho: no te creas que aguanto yo miradas por aguantar. Por una mirada, un mundo, que decía Bécquer. Lo que no me queda claro es si te debo solo uno porque entendemos mirada como expresión o te debo un ciento porque sumamos uno cada vez que me buscan tus ojos. Por si acaso deja que vaya creando, que en tus pupilas hallo yo materia prima para tres o cuatro big bangs.

Soy contrario al amor a primera vista, así que llamémoslo de otra forma. Si soy capaz de crear universos, por ti puedo crear idiomas, e incluso ir más allá: ¿quién quiere idiomas pudiendo servirse de lenguajes?
Se me adelantó Alejandro con Si tú me miras, aunque aquí lo mismo se quedaba corto, pues no es un si sino un cuando.
Cuando tú me miras. Cuando tú me miras. Cuando tú me miras.
Y que todo sea eso, ¿sabes? Que el lenguaje sea tú mirándome: que lo hables solo tú, que solo lo entienda yo y a la mierda la comunicación bidireccional. Igualmente me dejas mudo.

Cuando tú me miras yo escucho.

Alejandro Sanz – Si tú me miras

Te enseñaré a decir te quiero sin hablar.