Zombies


Miro a mi alrededor cuando estoy en una sala de espera, en un ascensor, en un avión. Miro a mi alrededor y analizo una a una a todas esas personas con las que comparto el espacio. Pienso en cómo serán en su día a día, en sus inquietudes, en qué estarán pensando. Quizá esas personas estén pensando en el resto de personas con las que comparten el espacio. Quizá no.

Miro a mi alrededor cuando estoy en un autobús, en la cola del supermercado, en mitad de una reunión. Miro a toda esa gente y pienso en qué pasaría si pasara algo, una tragedia menor, un susto. Pienso en cómo reaccionaríamos ante lo inesperado, en quién haría qué, en qué pasaría luego.

Normalmente acabo pensando que lo mejor es que no pase nada, pero hay veces que el grupo promete tanto que no puedo evitar desear por un momento que llegue el drama. Por ver qué tal.
Estoy enfermo, ¿verdad?

A veces solo deseo que se vaya la luz, que se bloqueen las puertas, que entren los zombis. Sobre todo que entren los zombis.

 

Childish Gambino – Zombies

All I see is zombies walking all around us.
You can hear them coming (they come to take your life).

Las nubes de tu pelo


Perdona, sé que va a sonar raro pero… ¿puedo acariciarte el pelo?
No, no funcionará, nunca funciona; y lo último que necesito ahora es otra orden de alejamiento, que miro el mapa y tengo más sectores en rojo que en Battle Royale.

Te he visto mientras esperábamos en la puerta de embarque, yo dormido y tú con la mirada ausente. O no. La verdad es que no me he fijado en absoluto en tu mirada, pero unos ojos ausentes le dan un toque a cualquier historia. Me gustas cuando callas y todo eso. No tengo la más remota idea de cómo es tu mirada. Por dios, ¡si ni siquiera sé si tienes ojos! Aunque quién quiere ojos teniendo ese pelo.
Te has levantado y te has puesto en la cola. Yo, que ya no era dueño de mis actos, he despegado también el culo del asiento, dispuesto a seguirte, a ponerme detrás, a acortar drásticamente la distancia. A punto de lograrlo estaba cuando dos hombres se han interpuesto entre nosotros.
Rabia. Ira. Tristeza.
Desolación incluso.

Sentado en el avión aún pienso en tu pelo, en esos rizos, en cómo quizá no vuelva a verlos. Y apareces.
Tienes el asiento de delante. Dejas tu mochila naranja arriba. Te sientas.
Apenas han pasado cinco minutos cuando empiezas a mover la cabeza de un lado a otro, como si estuvieras en un anuncio de champú. Provocando. La realidad es que te estás durmiendo y yo, cuando caigo, tal como lo está haciendo tu cuello, temo por él. Alguien debería sujetarte la cabeza, pienso. Yo, por ejemplo.
Y lo típico de que se te levanta sola la mano derecha, la miras pensando ¿¡qué haces!? y le das un manotazo con la izquierda, que debe ser la mano cuerda, para que se esté quieta. Porque a todos os ha pasado alguna vez, ¿verdad? Estoy convencido de que es algo muy normal.

Levanto la vista para descubrir que todo el avión me está mirando. Tengo claro por qué es: envidia. Es por tu pelo. Soy el único afortunado que lo tiene delante… ¡y madre mía lo que daría por acariciarlo! Pero sería raro. Mucho.
Mejor lo escribo en internet donde sólo puede leerlo todo el mundo.

Fito&Fitipaldis – Las nubes de tu pelo

Lo de fuera no me interesa.

Fiera


Se me pone la piel de gallina y al tener fiebre duele un poco, pero es que no puedo parar de escucharlos, porque es hacerlo, recordar el concierto y verla. La veo ahí, dos metros delante de mí o menos. Tan lejos.
Mira hacia su derecha y me da rabia que no lo esté haciendo hacia atrás. La veo mirar así, tiemblo y siento envidia de que nadie me haya mirado a mí nunca de ese modo. Sigo las líneas invisibles que trazan sus deseos a través del humo con ganas de saber dónde piden pista. Los observo aterrizar para darme cuenta entonces de que quizá sí me hayan mirado así alguna vez, o muchas, pero yo estaría, como la chica a la que mira la primera, con la atención en otra parte.
No sé qué tipo de amor es, si imposible, prohibido o simplemente no correspondido, pero ser es amor. Y la mira así con cada frase clave: tu mirada entre tantas miradas, nacimos para eso, imaginándote sin mí¿cómo iba a decírtelo si nunca bailas sola?magia cuando miro y te tengo al lado, que bailas a mi lado sin rozarme
Y yo no consigo quitarle el ojo de encima mientras ella se muerde el labio y va lanzando aviones a cuyos pasajeros nadie ha ido a recibir al aeropuerto. Mírame a mí así y te juro que nos vamos, sin esperar siquiera a que acabe el concierto, que en el coche tengo el CD y ya si eso lo escuchamos mientras conducimos juntos hacia el resto de nuestra vida.

Funambulista – Fiera

Dime a quién vas a besar hasta que te entienda.