A whole new world


(Ningún libro de historia ha sido dañado para escribir esta entrada).

A lo mejor es muy loco, pero yo digo que sí y luego pregunto, que me conozco y sé lo fácil que resulta echarse atrás. Es mi mente, ya sabes, que le da vueltas a todo y ataca con las dudas; que si estás seguro de eso, que si quizá aquello no es la mejor idea.
A veces tiene razón, pero ese es el tema: que es solo a veces.

Nunca habríamos descubierto América si Colón hubiera dicho “uy qué miedo ir a descubrir América ahora”. Colón era un aventurero. Estoy seguro de que le preguntaron si se apuntaba a descubrir el Nuevo Mundo y dijo que vale, sin pensar, porque sonaba bien todo aquello. Luego fue dándose cuenta de que quizá no era la mejor idea pero ya era tarde: un hombre de palabra nunca se desdice. Además llevaban todos esos barcos último modelo y Google Maps a toda vela. ¿Qué podía salir mal?

A lo mejor es muy loco, pero yo a veces me siento un poco como Colón.
Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo.

 

Lea Salonga and Brad Kane – A whole new world

Hold your breath, it gets better.

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Locura transitoria


Es todo mercadotecnia, que aunque suene raro a la RAE eso del marketing no le convence.
No importa tanto lo que tienes sino cómo lo ofreces.

Compramos envases, no contenidos; actores y no cine; cantantes y no canciones.
Alardeamos de usar todos nuestros sentidos para acabar comiendo con los ojos.
Es lo que hay, la vida es esto: un lugar lleno de mensajes llamativos y colores subliminales donde el valor de las cosas no va al peso, pues pesa más un anuncio que un resultado.

Lo decimos, sí, y nos quejamos, pero estamos en el juego. No es que entremos en él, porque nunca hemos llegado a estar fuera. Estamos en el juego y lo sabemos y es una lástima, pero es lo que hay.
La vida es esto.

Sabiéndolo y tirando los dados religiosamente siempre que me toca, a veces me da por pensar al margen, en ese espacio en blanco que queda en ocasiones a los lados donde nadie me dice qué quiero o qué necesito.
Es todo vender y venderse, pero ¿qué pasaría si permitiéramos que el contenido brillara por encima del continente?

Soy consciente de que es una majadería, pero por una vez me gustaría ver el mundo sin maquillajes, decidir sin que sea fruto de una interferencia en mi cerebro.
Me gustaría, por cambiar, ver qué ocurre cuando se valoran los actos por lo que encierran y no por el papel que los envuelve. Dejaríamos quizá de poner nuestra atención en hacer el lazo más bonito para pasar a trabajar por objetivos de algún modo más nobles.
Quién sabe si empezaríamos entonces a trabajar con el corazón.

Corazón, ¿verdad? Ya os avisé de que era una locura.

 

Extremoduro – Locura transitoria

Se enciende dentro un puto rayo que no cesa.

Las nubes de tu pelo


Perdona, sé que va a sonar raro pero… ¿puedo acariciarte el pelo?
No, no funcionará, nunca funciona; y lo último que necesito ahora es otra orden de alejamiento, que miro el mapa y tengo más sectores en rojo que en Battle Royale.

Te he visto mientras esperábamos en la puerta de embarque, yo dormido y tú con la mirada ausente. O no. La verdad es que no me he fijado en absoluto en tu mirada, pero unos ojos ausentes le dan un toque a cualquier historia. Me gustas cuando callas y todo eso. No tengo la más remota idea de cómo es tu mirada. Por dios, ¡si ni siquiera sé si tienes ojos! Aunque quién quiere ojos teniendo ese pelo.
Te has levantado y te has puesto en la cola. Yo, que ya no era dueño de mis actos, he despegado también el culo del asiento, dispuesto a seguirte, a ponerme detrás, a acortar drásticamente la distancia. A punto de lograrlo estaba cuando dos hombres se han interpuesto entre nosotros.
Rabia. Ira. Tristeza.
Desolación incluso.

Sentado en el avión aún pienso en tu pelo, en esos rizos, en cómo quizá no vuelva a verlos. Y apareces.
Tienes el asiento de delante. Dejas tu mochila naranja arriba. Te sientas.
Apenas han pasado cinco minutos cuando empiezas a mover la cabeza de un lado a otro, como si estuvieras en un anuncio de champú. Provocando. La realidad es que te estás durmiendo y yo, cuando caigo, tal como lo está haciendo tu cuello, temo por él. Alguien debería sujetarte la cabeza, pienso. Yo, por ejemplo.
Y lo típico de que se te levanta sola la mano derecha, la miras pensando ¿¡qué haces!? y le das un manotazo con la izquierda, que debe ser la mano cuerda, para que se esté quieta. Porque a todos os ha pasado alguna vez, ¿verdad? Estoy convencido de que es algo muy normal.

Levanto la vista para descubrir que todo el avión me está mirando. Tengo claro por qué es: envidia. Es por tu pelo. Soy el único afortunado que lo tiene delante… ¡y madre mía lo que daría por acariciarlo! Pero sería raro. Mucho.
Mejor lo escribo en internet donde sólo puede leerlo todo el mundo.

Fito&Fitipaldis – Las nubes de tu pelo

Lo de fuera no me interesa.