My hero

Y al final da igual que lo consigas o no, pues no es el resultado de la batalla lo que forja a un guerrero sino el hecho de luchar; y tú te has dejado el alma.

 

Foo Fighters – My hero

There goes my hero. Watch him as he goes.
There goes my hero. He’s ordinary.

Olor a mandarinas

Existe una persona para ti: tu alma gemela, tu media naranja. Una única persona, esperándote en algún lugar del mundo; encontrarla es solo cuestión de tiempo. Después todo vendrá rodado: el paraíso, la magia eterna, el final feliz.
Ese argumento funciona a la perfección en las películas, porque duran hora y media o dos (aunque algunas parezcan durar cuatro -y no estoy hablando de El diario de Noa, que en ese caso cuatro me parecen pocas-), pero en la vida real hay algo que falla.

Pongamos que cada uno de nosotros tiene una persona asignada. Tú, querido lector, tienes una persona asignada. Hasta ahí bien.
Para ser justos, supongamos que el algoritmo que determina quién es tu persona es aleatorio. Tiramos de la palanca, esperamos un poco y… ¡tachán! ¡Media naranja asignada! La mala noticia es que podría estar en Japón, o en Perú, o en Islandia… donde sea, pero ese donde sea, por probabilidad, siempre tenderá a Cuenca. ¡Buena suerte encontrándola!

No hombre, no: tu media naranja tiene que estar cerca de ti. Eso es así.
Ah bueno, perdóname, que no sabía que eso era así.
Entonces, si decido irme a vivir, qué sé yo, a Senegal, ¿qué pasa? ¿La persona que me hará sentir completo por el resto de mis días se mudará también sin motivo aparente? ¿Cuánto tiempo esperará? Porque lo mismo estoy dos meses, me canso y vuelvo, lo que la obligaría a hacer lo propio.
¿Y si sigo viajando? ¿Acaso es ese el secreto para desvelar su identidad?

Claro que podría ser todo mucho más místico y radicar en el alma, ese otro concepto tan de andar por casa. De ser así, no serían nuestros cuerpos los que se desplazarían, sino nuestras esencias, de vasija en vasija humana.
Mucho mejor, dónde va a parar.

He estado reflexionando profundamente durante horas. En serio. Supongo que os alegráis de que os haya hecho un resumen.
Sea como sea, tras darle muchas vueltas me he dado cuenta de hasta qué punto pueden sorbernos el cerebro, y es que todo es mentira: la media naranja no existe. ¿Acaso habéis visto alguna vez que en el supermercado vendan medias naranjas? Absolutamente no: las naranjas se venden enteras.

Todos somos naranjas enteras. Bueno, quizá haya alguno que sea una pera o una manzana, y luego vendría todo aquello de las peras con las manzanas y las peras con las peras, pero yo en macedonias no entro.
Una naranja puede irse con la naranja que quiera, que dos hacen más zumo que uno, y éste no estará necesariamente más bueno si las naranjas que lo han engendrado estaban predestinadas a exprimirse juntas.

Por el amor de un dios, ¿os estáis escuchando? ¿Cómo van a estar predestinadas las naranjas?

Zahara – Olor a mandarinas

No quiero un final feliz, sólo quiero serlo.