La suerte está echada


Lo que más me costó aprender fue a decir basta.
Nunca veía claro cuándo había llegado el momento de parar, ese punto en el que ya estaba preparado para el examen o no, pero alea iacta est.
A partir de cierto instante estudiar es contraproducente y resta.

Basta.

 

Tan Biónica – La suerte está echada

Construyo sobre arenas movedizas.

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