Tu nombre

Te veo fuera de lugar y eso me atrae: no es que me guste que la gente esté perdida, pero yo a menudo me siento desubicado, y al verte así una parte de mí piensa que ese no saber bien qué de algún modo nos une. Y me acerco.

Estás haciendo tus cosas, que para eso estás ahí. Uno no va a un sitio a no hacer nada.
Te miro hacerlas, no tanto por las cosas como por ti, que no destacas por tu belleza pero igualmente hemos quedado en que me atraes.

La belleza está sobrevalorada: es mucho más importante el noséqué.
Tú irradias 
noséqué.

Las cosas que haces me importan una mierda, la verdad, pero no puedo quitarte los ojos de encima. Si pudiera quitarte los ojos no verías nada: no podrías lanzarme miraditas; y me estás lanzando miraditas.
Uno nota cuando hay algo (que podría haber dicho perfectamente la loca del otro día).

Acabas. Las cosas siempre se acaban. Te saludo.
Hola, ¿qué tal? ¿Vienes mucho por aquí? No, claro que no; yo nunca olvido un rostro fuera de lugar y es la primera vez que veo el tuyo.
Hablamos mientras caminamos, tú hacia algún sitio y yo suponiendo que también.

Cuando era pequeño había postales o placas o algo parecido con los significados de los nombres. Estaba de moda aquello. Si te llamabas de una forma medianamente normal podías encontrar la tuya y descubrir qué significaba tu nombre, pues todo el mundo salvo Shakespeare sabe que un nombre lo determina todo. Hoy en día eso te lo hace una aplicación de Facebook. Cambia el cómo y se mantiene el qué. Cada vez que gira el mundo es todo diferente pero sigue siendo igual.
A mí, que no soy Shakespeare, me parecía todo aquello una chorrada, pero quería mi postal, ¿sabes?, porque todo el mundo tenía la suya y yo también tenía derecho a que un trozo de papel me dijera quién era yo en verdad. Busca tú Z a ver si tienes suerte.
Como no podía ser uno más decidí reafirmarme en mi teoría de que era muy estúpido todo, que un nombre no te hace valiente ni fuerte ni guapo ni simpático.

El tema es que con el tiempo vi que quizá eso no, pero que hay algo, que todas las personas que he conocido que comparten un nombre están unidas de algún modo. Lo he visto para lo bueno y lo he visto para lo malo, y siempre que me presentan a alguien es como si fuera corriendo a buscar su placa identificativa para saber a qué me enfrento. Cuando es un nombre que no tengo registrado es todo intriga y emoción; cuando no, lo es menos.
Decidí por eso mismo que no puedes tener dos ex que se llamen igual, o sí, pero es estúpido, porque la segunda vez ya es vicio.

Hablamos mientras caminamos, tú hacia algún sitio y yo suponiendo qué también, todo sonrisas y golpes tontos de esos de ir andando por la calle con tu primer amor adolescente chocando continuamente como incapaces de andar en línea recta aunque sean dos metros.
Me llamo EX, me dices.
Pfff. Paso.

 

Nek – Tu nombre

Tu nombre, tan grande.

Even if

Hay gente que está de visita, que llega únicamente para enseñarnos algo y después se va.
Hay gente, como tú, que cuando aparece sabes que va a ser del tipo que deja huella, una sola pero profunda, un cruce fugaz pero intenso.
Hay gente que está de paso.

Las lecciones pueden ser simples, pero yo puedo ser muy lento y a veces me cuesta entenderlas: necesito una vida para comprender un instante.
Has venido a enseñar, vale, pero ¿qué pasa si te digo que no estoy aprendiendo nada?
Que a lo mejor es mentira, pero quédate hasta que lo tenga claro.

 

Ella Eyre – Even if

And even if the stars can’t align you know where I am.

You don’t own me

Si tiene que poseerme alguien prefiero mil veces que lo haga un espíritu maligno con hambre de destrucción a que lo hagas tú, no por la posesión en sí, que a los demonios es complicado resistirse, sino porque a lo mejor si deseas tenerme me descuido y lo consigues, pero en el momento en que te pertenezca ya me habrás perdido.
Se tienen cosas, pero las personas no somos objetos.
El amor no es eso.

No tengo miedo a quererte, pero sí lo tengo a que no sepas hacerlo, a que caigas en la trampa de creer que querer es hacer nudos, a que sientas mi necesidad de ser libre como una amenaza a tu seguridad, a que no puedas entender que puedo estar contigo todo el tiempo sin estar siempre a tu lado.

Me noto últimamente distante, escéptico quizá, pero es que miro esto del amor y no lo veo: tengo la sensación de que hay algo que se nos está escapando.

Cuando no entiendo las reglas del juego prefiero mirar cómo le va la partida al resto, y en esas estoy: mirando a uno y otro lado, con un reglamento de cien páginas delante y sin ganas de leer.

 

Lesley Gore – You don’t own me

I’m free and I love to be free.