Tiemblo


Te busqué cuando el sol que entraba por la ventana me obligó a abrir los ojos, pero en lugar de dar contigo di con medio colchón frío. Se ha ido, pensé, a pesar de lo absurdo que resultaba que te hubieras marchado de tu propia casa. Admito que razonar nada más despertarme no es lo mío, pero no estabas y eso era un hecho.
No se me ocurre mejor plan para un domingo por la mañana que rodar sobre las sábanas cual rodillo que intenta dejar la masa todo lo fina que puede estar sin quebrarse, y ¿he dicho ya que no estabas? ¡Me desperté y no estabas!
Drama.

Quizá te habías cansado ya, ¡yo qué sé! Eran otros tiempos, tiempos en los que me lo cuestionaba todo, exactamente igual que ahora, aunque mirando siempre a través de un cristal oscuro. Menos mal que uno crece.
Se me ocurrían infinidad de motivos, mil, para tu ausencia a mi lado, obviamente todos malos. Y no veía cómo podía aplanar yo solo aquellas sábanas.

Cuando iba por el motivo mil uno te olí, pocas veces me ha marcado tanto el olor de alguien, y aparte de tu olor capté otro. Tú también habías decidido ser rodillo, pero en lugar de estirar algo tan inútil como un trozo de tela optaste por trabajar hojaldre.
Entraste en tu habitación llena de luz con cruasanes recién hechos, fruta cortada y esos labios curvados por donde empecé el desayuno.

Buenos días.

 

Funambulista – Tiemblo

Me contó media vida desnuda escuchando algún disco de Frank.

Vuelves


No es que te dejara marchar, pues siempre he considerado que no soy quien para retener, pero tú pudiendo irte te quedabas y yo daba pasos hacia atrás.
No es que te dejara marchar, ni que te quisiera perder, ni que no fuera a tu lado donde me sentí más vivo, pero a veces no le hacen falta motivos a un adiós.
No es que te dejara marchar pero nos alejamos, tú cansada de quedarte y yo anclado en estar de paso.

No es que te dejara marchar igual que no es que te invitara a volver.
Nos limitamos a fluir.

Fuimos, vinimos y ahí te tengo, con cinco años más en la mirada y apenas diez segundos después de la última vez que te tuve enfrente, mordiéndote el labio inferior con dientes que se clavan en mi ventrículo izquierdo, dispuesta a quedarte de nuevo exhibiendo esa sonrisa que sabe que me he cansado de andar.

 

Rozalén – Vuelves

Tan inesperadamente siempre vuelves.

Flotando voy


Todo el mundo tiene dudas e inquietudes, pero no nos damos cuenta porque lo que hay en la cabeza de los demás no se ve: vemos solo lo que llevamos nosotros dentro, y lo que llevamos dentro a veces da miedo, sobre todo cuando sentimos que somos los únicos que no tenemos clara la meta mientras aquellos que nos rodean caminan seguros hacia su destino.
Una de las personas más importantes de mi vida me dijo una vez que nadie sabe realmente hacia dónde va.

Llevo días haciéndome precisamente esa pregunta: ¿hacía dónde voy? Y no respondo.
No respondo porque no lo sé, porque sí, camino, pero ya está.
No ando buscando nada, no por no haber perdido sino porque aquello que perdí no necesito encontrarlo, y lo que aún no ha venido ya lo hará cuando sea el momento.
Si buscara algo supongo que sería a mí mismo, y tampoco, pues no sé cuándo ocurrió exactamente pero no hace mucho descubrí dónde estaba.
Quizá la clave sea esa: que cada paso, en la dirección que sea, también vaya un poco hacia dentro; caminar en dos direcciones a la vez; desplazarse físicamente acercándose a uno mismo.

Lo reconozco: no sé hacia dónde voy.
A lo mejor no tengo un plan para una vida y me limito a disfrutar de momentos, pero es que la vida son ratos.

 

Efecto Mariposa – Flotando voy

Y si el mundo acaba hoy, flotando voy.