All the plans


Siempre he tenido un plan, porque no se puede vivir sin uno.
Todos sabemos que cualquier plan, por bueno que sea, puede fallar, así que también he tenido siempre un plan be. Alguna vez he tenido incluso un plan ce.
¿A dónde me ha llevado tanta preparación? No diré que a ningún sitio, porque no sería verdad y yo no miento, pero ¿es al mejor sitio al que podría haber llegado?

Cierto es que, para ser ingeniero, me considero bastante poco ingenieril… pero era parte del plan, ¿no?
Escribo sobre soñar, sobre bailar, sobre amar, pero… ¿sueño? ¿Bailo? ¿Amo?
Reflexiono y me digo que sí, que lo hago, aunque mientras me lo digo siento que lo hago menos de lo que debería. No sueño en grande. No bailo. No amo de verdad.
¿Por qué no lo hago? Porque tengo un plan, y ni los sueños ni los bailes ni los amores se planean: simplemente surgen.

Soñamos sin querer. Bailamos de repente. Amamos… y no se me ocurre complemento circunstancial de modo que poner aquí, probablemente por tener un plan, por ser ingeniero, por querer cuantificarlo todo, ser cabezota y no entender que hay cosas que fluyen (y no hablo de mecánica de fluidos).

Un plan, en el mejor de los casos, nos conduce a una meta. ¿Cómo voy a alcanzar eso que no espero si ando persiguiendo otra cosa?

Quizá sea por la edad, pero ahora no quiero planes; ya no; que me he cansado de correr detrás de sueños que no había tenido nunca.
Voy a dejar que siga el espectáculo, que me saque la vida a bailar.

Tú, si quieres, enséñame ese complemento circunstancial que no encuentro.

Starsailor – All the plans

Let’s get into the season where we can be ourselves.

Stars


Me tumbo en el césped, miro hacia el cielo y no veo más que eso, cielo, olvidando por un instante que estoy en mitad de la ciudad. La oscuridad de la noche se extiende en todas direcciones y no acaba. No entran en mi campo de visión ni edificios ni farolas. De un lado el cielo, del otro yo.

Veo ahí arriba, como en una esquina, una luna tímida con forma de ce que se encoge por momentos. No quiere protagonismo, ni que la miren. Hoy está como sin estar, aún decreciente pero ya sintiéndose nueva. Comprendo su silencio, lo comparto y dirijo mi mirada hacia otra parte.

Reina un negro profundo, constante, pero a medida que mis ojos se adaptan a la ausencia de luz percibo que en realidad está salpicado por diminutos puntos blancos. A diferencia de la luna, estos van haciéndose más vivos. Me concentro en ellos, no en todos a la vez pues se cuentan por decenas, quizá ya por cientos, sino saltando de uno a otro. Parecen iguales, si bien en el fondo son todos diferentes: cada destello es una esencia, una historia…

Entra en la imagen, desde abajo, una especie de humo blanco. Vapor quizá. Tardo exactamente tres segundos en darme cuenta de que se origina en mí. Nada que ver con que justo antes de tumbarme haya estado corriendo. Se trata de algo diferente, más místico, mágico si quieres.
Lo ignoro para volver a las estrellas. ¿Por cuál iba? Ah sí, tú…

Es posar mis ojos en ella y atravesarme el cuerpo un escalofrío. Es una locura, pero juro que me ha visto. Pasa a veces que miras a alguien desde lejos, medio escondido, y descubres que está mirando hacia ti. Nunca me había ocurrido con una estrella, aunque ¿por qué no? Miramos constantemente hacia arriba… ¿por qué no iban a mirar ellas hacia abajo?
La idea revuelve todo lo que creía saber.

Me encuentro de pronto arriba, muy lejos, dejando a la estrella en el lugar que ocupaba yo antes. No puedo moverme y tengo frío, pero veo con total claridad: están ahí abajo, todas, millones de estrellas, mirando hacia arriba como aquel que ha perdido algo. Desconozco qué esperan encontrar, qué busca la atenta mirada de aquella que yo contemplaba hace un segundo, pero quiero ser yo. Lucho por brillar más fuerte que el resto. Elígeme a mí, suplico, por favor.

Noto que me falta el aire, que se me hincha el pecho y se eleva, o desciende, atraído por la estrella. Sigo en el mismo punto, pero mi cuerpo se arquea y vuelve el humo. Somos lo mismo, ella y yo, somos estrellas. No es vapor ese vapor sino energía, mi energía, que vuelve al lugar del que una vez salió. Es suyo, que aquí estamos de prestado, y lo reclama. Me ha elegido. La he encontrado.

No miramos las estrellas para entender de dónde venimos, sino de cuál.

Grace Potter and The Nocturnals – Stars

They make me wonder where you are.

Do I wanna know?


Haces la pregunta, cierras el WhatsApp a toda prisa y bloqueas el teléfono. Siglo XXI, señores.
Segundos después se enciende el led azul que anuncia la respuesta, acompañado de tres vibraciones breves. Y de otras tres. Y de otras tres.
Tres mensajes. El número mágico. La respuesta a tu pregunta.

¿Los miras? Aún no.
Decides disfrutar un poco más de la incertidumbre, como si tuvieras seis años y hubieras salido corriendo después del signo de interrogación de cierre, gritando ¡No te oigo! ¡No te oigo! con todas tus fuerzas con la intención de tapar el sonido de sus palabras. Ya decidirás cuándo es el momento de volver, que lo importante era sacarlo y ya lo has hecho.
La vida se vive paso a paso.

Led azul.
Todavía no.

Tienes en tus manos esa carta que esperabas, pero antes de abrirla quieres que tus dedos recorran el sobre cerrado recreándose en el tacto del no saber. No hay que menospreciar el tacto de las cosas que no podemos tocar. La magia, por ejemplo. ¿Nunca la has sentido acariciarte la piel?
El sobre está lleno de magia: contiene todas las respuestas al mismo tiempo, como una especie de ruleta que gira enloquecida. Es un error pensar que el destino está escrito, que ahí dentro las palabras son las que son. Hasta que no despegues la solapa o rasgues el lateral o comoquiera que abras tú las cartas el gato está vivo y muerto, y el papel tiene un , un no, un no me viene bien, un me muero de ganas y un pensaba que no ibas a preguntarlo nunca.
Todas las opciones dan vueltas a un ritmo de vértigo. Una vez mires la nota se detendrán la rueda y la magia, y el no saber perderá su tacto al haberse ido, pues no tienen tacto las cosas que no están.

Dos mil quince y los mismos miedos.

Led azul.

Patrón de desbloqueo.

Arctic Monkeys – Do I wanna know?

That the nights were mainly made for saying things that you can’t say tomorrow day.