25 to life


Se avecinaba un cambio de moneda.
Prácticamente todos los que leáis esto habréis vivido alguno y no lo recordaréis como algo espectacular, pero en aquel momento se trataba de todo un acontecimiento: nos íbamos a despedir de las pesetas y de los duros. Para siempre. A mí me preocupaba por encima de todo el hecho de tener que decirles adiós a las monedas con agujero. Creo que en todos los territorios debería haber como mínimo una moneda agujereada, pues no hay mejor ejemplo de que no hace falta estar completo para tener valor. Me pasé media infancia sintiéndome una moneda de cinco duros.

Se avecinaba un cambio de moneda, y en el colegio quisieron prepararnos para ello.
Aquel miércoles soleado, mi clase y los del A caminábamos de dos en dos, cogidos de la mano, en fila, hacia las oficinas de un banco que ya no existe, al menos con el nombre con el que lo conocimos entonces. Como visita no parecía en absoluto atractiva, pero no estábamos en clase, lo cual ya era mucho.
Al llegar nos dividieron en grupos de cinco, y asignaron cada uno de esos grupos a una mesa. Allí, un trabajador del banco nos esperaba para darnos la charla de rigor antes de enseñarnos, y hasta dejarnos tocar, un facsímil de cada uno de los nuevos billetes. Fue al llegar a nuestra mesa cuando lo conocí, y supe que jamás olvidaría su nombre: Juan. Probablemente esperarais algo más original, pero se llamaba Juan. Sin embargo, lo importante no fue su nombre, sino el hecho de que cuando os digo que lo conocí lo que ocurrió realmente fue que él me conoció a mí, y a la perfección, desde el minuto uno.
Su explicación se vio interrumpida en más de una ocasión por mis preguntas y comentarios no siempre acertados, pero él, aún no sé cómo, supo ver más allá. Fue capaz de ver lo que había debajo, como si se hubiera dado cuenta de que aquel niño insolente no era más que una moneda de cinco duros y hubiera sido capaz de mirar por el agujero para ver lo que había al otro lado. Al otro lado estaba esto, Z, lo que soy.
Tocamos los billetes y oh-qué-estupendoqué-ganas-de-estrenar-billeteslas-pesetas-tampoco-molaban-tanto. Éramos niños: se nos impresionaba con poco. El profesor anunció que ya era hora de regresar al colegio y todos corrieron hacia él como hacían las ratas cuando el de Hamelín hacía sonar su flauta.

Permanecí un instante más en aquella mesa, aún con dudas. Juan me miró fijamente, se puso serio y alargó el índice de su mano derecha hacia abajo hasta apoyarlo sobre mi frente.
No desaproveches nunca lo que tienes aquí, me dijo.
Prometí no hacerlo, dije adiós y me fui.

Supe que no lo olvidaría nunca. No lo he hecho.
Suelo recordarlo con frecuencia, cuestionándome a menudo si estoy haciendo lo correcto, si a Juan le parecería suficiente o si me he quedado por debajo de mis posibilidades.
A lo mejor me he escurrido por el agujero de mi centro, o quizá sea precisamente eso lo que me da valor.
O puede que nunca haya sido una moneda de cinco duros.

Eminem – 25 to life

I’ve done my best to give you nothing less than perfectness.

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4 thoughts on “25 to life

  1. Ojalá, que por esas casualidades de la vida, Juan pueda leer esto, estoy segura de que se sentiría orgulloso.
    Es verdad que pasa rara vez, pero pasa, que una persona con la que compartes un momento pueda ver a través de ti cosas que otras tardaran años en descubrir, eso, si es que finalmente lo hacen.

    Le gusta a 1 persona

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