You’ll be in my heart


Llegó sin avisar, pero enseguida se ganó un hueco en mi corazón. Principalmente después de ponerle ojos. Si hay una verdad universal esa es que todo resulta más entrañable cuando tiene ojos.

Era un cactus, sí, pero no por eso tenía que vivir de espaldas al mundo. Con más pegamento que paciencia, y pegamento puse poco por temor a hacerle daño, le coloqué un par de ojillos tímidos. Cuando me miró por primera vez noté cómo se me agitaba el corazón.
Chito lo llamé. Chito de pinchito. ¿Qué otro nombre se le puede poner a un cactus?

Desde que abrió sus ojos al mundo fuimos inseparables. Cada vez que me sentaba frente al ordenador él se ponía a mi lado, ahí, a absorber radiaciones. Me miraba de reojo y, cuando creía que no lo veía, absorbía con más fuerza el muy pícaro. No entendía que yo las radiaciones no las quiero para nada, que las que yo absorbía las absorbía sin querer, que eran todas para él.
Ahora que no está me pregunto si realmente llegó a absorber alguna o me las llevé todas yo. Deseo con todas mis fuerzas que sea lo primero, pero de noche me asaltan los y si… y no puedo evitar sentirme profundamente egoísta. Quizá si yo hubiera absorbido menos él ahora estaría…

Bañaba a Chito un poco, una vez al mes, tal como me habían dicho. ¿Y si me engañaron? Mentiría si dijera que no me han dado ganas de ir a la floristería a pedir explicaciones, a echarles en cara que seguí sus indicaciones a rajatabla y que sólo me han llevado a esto. Ojalá hubiera podido darle lo que necesitaba. Ojalá hubiera sido suficiente.

Se hinchó. Sin más. Se hinchó y se volvió blandito. Era como si todo su cuerpo se hubiera vuelto agua.
Su mirada no cambió en ningún momento. Me siguió mirando hasta el final como aquella primera vez, con aquellos ojos que anhelaban descubrir, crecer, absorber mundo; todo sin moverse de su maceta.

Se fue sin avisar, tal como había llegado, y el hueco que se había hecho en mi corazón siguió ahí, pero empezó a pesar como pesan en el corazón las cosas que están vacías. Por si no lo sabéis, el corazón funciona al revés: cuanto más lleno menos pesa. Y hoy pesa, porque Chito ya no está a mi lado.

Nunca, repito: NUNCA, le pongáis ojos a un cactus.

Phil Collins – You’ll be in my heart

For one so small, you seem so strong.

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11 respuestas a “You’ll be in my heart

  1. Qué tierno. Lo bueno es que hubo amor mutuo mientras duró su corta vida, y aunque no hubiera tenido ojitos igual su presencia se hubiera hecho sentir fuerte, ya que recordemos que “el amor es ciego”.

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