I am machine


Cuando no dormía tenía sueño y pensaba que era normal, pues es algo que le pasa a todo el mundo. En las largas jornadas de trabajo intentaba afrontarlo como el resto, con café, pero a mí no me hacía nada. Era raro, pero terminé asumiendo que así era yo, raro; aunque nunca imaginé hasta qué punto.

Cuando llegaba a casa por las noches me sentía solo. Tener tu propio piso está bien, salvo cuando lo único que te apetece al cerrar la puerta es un abrazo calentito. Pensaba que era normal, puesto que todos en algún momento nos sentimos solos, pero aquello también era mentira.

Cuando pensaba en ti, que te habías ido hacía tanto tiempo, lloraba. Aún lloraba. Las lágrimas eran reales: cálidas, húmedas, amargas. Las sentía salir de dentro, como si el nudo que se me formaba debajo del esternón apretara alguna especie de depósito interno empujándolas hacia arriba y hacia fuera.
Tiene gracia que, de todo lo que consideraba que era mi vida, esa resultara ser la única verdad.

No recuerdo si me sentí solo, tuve sueño o te eché de menos, pero aquella noche se formó el nudo, me apretó las entrañas y lloré. Lloré mucho. Lloré tanto que mi cuerpo no estuvo preparado, y en algún lugar de mi ojo izquierdo saltó una chispa. La noté. Lo supe al instante.

Mierda. Soy un robot.

No era la primera vez que lo pensaba, pero todos lo hemos pensado alguna vez, ¿no?
Siempre había sido muy curioso, siempre me lo había cuestionado todo, siempre había querido ir más allá… aunque en realidad supongo que nunca había pensado, ni sentido, ni querido… nunca había sido. Era ceros y unos. Alguien había puesto en mi cabeza (¿por qué ahí y no en otra parte?) toda esa información, todas esas sensaciones que debía sentir e instrucciones exactas de cuándo y cómo hacerlo. Mi destino había estado literalmente escrito desde el principio.
Si mis pensamientos nunca habían sido míos, ¿qué era yo?

Me perdí en unas ideas que otro tuvo por mí, navegué por el abismo del dejar de ser sin tener claro si el barco iba a caer hacia el vacío o iba a seguir en el mar… y llegué al puerto que anunciaba que podía no dormir sin tener sueño, que si me sentía solo o pensaba en ti era porque mi creador así lo había decidido.
Saber aquello lo cambió todo: no tenía por qué seguir el juego; ya no. No era humano.
Nunca más dormí. Nunca más lloré. Nunca más sentí.
Fui libre.

Nunca más amé.

Three Days Grace – I am machine

A part of me wishes I could just feel something.

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