Sick cycle carousel


Te levantas un día y digamos que es miércoles. Haces lo mismo que cada miércoles. Desayunas. Vas al trabajo. Trabajas. Comes. Trabajas. Vuelves a casa. Sales a correr. Te duchas. Cenas. Escribes algo en tu blog. Te acuestas.

Te levantas al día siguiente y digamos que es miércoles otra vez. Haces lo mismo que cada miércoles. Desayunas dándole vueltas al asunto. Vas al trabajo. Estás a punto de comentarlo con tus compañeros, pero al final decides no hacerlo. A fin de cuentas, ayer no fue más que un miércoles rutinario; podría haber sido un sueño perfectamente. O un recuerdo. O un déjà vu. Trabajas en lo mismo que ayer. Comes lo mismo que ayer. Trabajas en lo mismo que ayer. Vuelves a casa, por el mismo camino que ayer, pero claro, es el mismo camino por el que vuelves cada día. Sales a correr. Te cansas exactamente lo mismo que ayer. Te duchas. Gastas la misma cantidad de gel, aunque de eso no te das cuenta. Cenas. El mismo pollo que anoche: es lo único que sacaste el martes del congelador. Escribes en tu blog, algo para lo que habitualmente necesitas algo de tiempo, pero no hoy, porque ya pensaste ayer y lo recuerdas bastante bien. Te acuestas. En la misma cama que ayer. Obviamente.

Te levantas al día siguiente y digamos que es miércoles parte tres. Te mosqueas. Desayunas. Vas al trabajo. Es la tercera vez que vivo este miércoles sigue sin parecer un tema de conversación conveniente. Trabajas. Comes. El menú vuelve a ser el mismo. Piensas que mañana te llevas tupper. Trabajas. Vuelves a casa. No sales a correr. Te preparas unos macarrones para comer en el trabajo al día siguiente al tiempo que te haces la cena: pollo. Sacas un par de filetes de atún del congelador y los dejas en un plato. Escribes en tu blog. Te acuestas.

Te levantas al día siguiente y digamos que es miércoles, hostia, coño, mierda, joder. No hay rastro del atún. No hay rastro del tupper. Desayunas. Vas al trabajo en pijama. Esperas a que lleguen todos tus compañeros y gritas que son todos gilipollas y que estás hasta los cojones. No lo piensas pero ¿qué más da? Mañana volverá a ser hoy y todo volverá a empezar. No trabajas, ¿para qué? De hecho te vas. De hecho, ¿para qué has ido? Bueno, sí, para gritar, para poder decir que has ido al trabajo en pijama y… un momento, poder decir ¿qué?, ¿a quién? y, sobre todo, ¿cuándo? Llegas a casa. Escribes en tu blog tonto el que lo lea. Sales al balcón y gritas que son todos unos hijos de puta. No estás pensando en nadie en concreto, pero en algún momento has pensado que hacerlo te proporcionaría algún tipo de placer… aunque no. Pasa por la calle la vecina del cuarto, se te queda mirando y le chillas sí, sí, tú, pedazo de zorra. Vuelves dentro. El puto pollo para cenar. Te das cuenta de que podrías haberle sacado mucho más partido al día, pero no importa porque mañana habrá otro miércoles. Y pasado. Y al otro. Te acuestas.

Te levantas al día siguiente y digamos que es miér… ¡da! ¿Jueves?

Lifehouse – Sick cycle carousel

Over and over and over again.

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